Crítica: Aves de presa


Aves de presa dirigida por Cathy Yan

‘Aves de Presa’ es una pseudo secuela de ‘Escuadrón Suicida’, filme de David Ayer que nos introdujo a Harley Quinn, personaje que protagoniza el filme que nos ocupa. A pesar de ser un éxito de taquilla, ‘Escuadrón Suicida’ fue rechazada por la crítica y recibió bastantes palos, pero en lo que todos parecían estar de acuerdo era en la estupenda interpretación de Margot Robbie. Desde entonces, se han puesto en marcha hasta cuatro proyectos con Harley Quinn de los que sólo uno ha salido adelante: ‘Aves de Presa’.

La película ha contado con la dirección de Cathy Yan, cineasta que tiene en su haber tres cortometrajes y un largometraje, ‘Dead Pigs’, filme por el cual fue elegida para dirigir esta película. Yan se ha rodeado de grandes profesionales como Matthew Libatique (fotografía) y Daniel Pemberton (banda sonora) y nos ha regalado una película con picos de gran calidad e imaginación, un acabado visual realmente potente y secuencias de gran belleza y excelente ejecución. El problema reside en su endeble guion y la poca chicha que se le proporciona al reparto secundario.

Harley

La película intenta dar minutos suficientes a muchos de sus personajes para que brillen en momentos puntuales, pero realmente la película gira en torno a Harley Quinn y se trata del show de Margot Robbie. Su talento interpretativo es descomunal y sabe exprimir escenas tanto cómicas como dramáticas con una facilidad pasmosa, y realmente siento que se siente muy cómoda con el personaje y lo ha hecho suyo. No obstante, debo decir que esta película intenta abordar ciertos temas como la relación tóxica que tuvo con el Joker y su crecimiento y liberación personal desde una perspectiva que quizás no funciona en muchos momentos. El personaje quiere ser tan guay, gracioso y extraño en todo momento que la forma acaba ensombreciendo al fondo. Los primeros 20 minutos son muy potentes y dejan entrever un viaje personal emocionante a la par que divertido, pero la película debe contar algo más allá de su arco, así que introduce una trama con macguffin incluido para que vayamos del punto A al punto B, y lo vuelve todo demasiado básico y poco interesante. Sólo hacia el final rescatan nuevamente su objetivo de evolucionar a Harley, pero creo que ya es demasiado tarde.

Por otra parte, debo decir que Robbie está a punto de marcarse un ‘late Jack Sparrow’, es decir, ha querido abrazar su personaje con sus manierismos de manera tan libre y excesiva que por momentos llega a rozar la caricatura de sí misma. Le ocurrió a Johnny Depp en las dos últimas entregas de ‘Piratas del Caribe’, en las que Depp parecía haber perdido la inspiración y la sutileza de todo lo que engloba a su personaje y se agarró a unos tics concretos para perfilar al personaje. Robbie nunca llegar a caer del todo en ello, pero creo que ser la protagonista y productora del filme le ha dado tanta libertad que se ha vuelto casi contraproducente.

Aves de presa dirigida por Cathy Yan
Imagen de «Aves de presa», dirigida por Cathy Yan. Fuente: Warner Bros

El arco de Harley está ahí, pero nunca es explorado lo suficiente porque hay que meter una secuencia de acción llena de colores y cámara lenta. Y sonará extraño, pero Robbie tiene tanto con lo que jugar con su personaje, que al final por contraste sus compañeras de reparto se quedan en meras comparsas con un conflicto a medio cocer y que nunca explota en la trama como debería. En una película llamada ‘Aves de Presa’, dichas aves son herramientas del guion que funcionan para mover la trama, cuando debería ser al revés. Sólo Mary Elizabeth Winstead brilla en su breve aparición con un personaje de mucho potencial y un contexto establecido. Si aparece en futuros filmes o incluso un spin-off, creo que Winstead podría regalarnos algo magnífico.

Colores en Aves de presa

Hay una cosa no se le puede negar a esta película: es bonita a rabiar. La fotografía de Matthew Libatique es exquisita, con un juego de colores constante, un contraste alto que resalta personajes y escenarios, y con decisiones inteligentes en las que la modulación de los tonos permite jugar a nivel temporal con la historia. La paleta de colores es amplísima y está apoyada en todo momento por el vestuario y el diseño de producción de la película (ese papel pintado que cubre las paredes del piso de Harley). Creo que es una película con mucha personalidad, y el trabajo de Libatique eleva la no menos fantástica dirección de Cathy Yan.

A pesar de su corta experiencia como cineasta, Yan ha tirado de muchas herramientas a su disposición para que la película nunca se sienta convencional o plana. El uso de la cámara lenta es muy acertado en general, y me gusta cómo juega con las alturas de ciertos planos, creando composiciones hermosas que te llevas a casa una vez abandonas la sala de cine. Creo que posee un lenguaje cinematográfico rico y tiene muchas inquietudes a la hora de contar una historia de diferentes formas, así que seguiré su filmografía con atención porque puede regalarnos grandes películas en el futuro. Lo que sí me gustaría saber es cuánta influencia han tenido los reshoots de ciertas secuencias de acción con la ayuda de Chad Stahelski, director de la saga ‘John Wick‘. La personalidad de Stahelski está presente en las escenas de combate cuerpo a cuerpo, ya que recuerdan a cierto nivel a lo que hemos visto en John Wick, aunque bien es cierto que la cámara lenta no suele formar parte del arsenal de dicha saga, así que simplemente me alegra ver que la estupenda dirección de Yan haya sido complementada en escenas concretas del filme por un experto en la materia.

Cambiando de tercio (y ya voy terminando), Ewan McGregor está a un par de escenas de robarse la película. McGregor tiene una amplia carrera y ha hecho todo tipo de papeles, pero es verdad que últimamente suele interpretar personajes sutiles, calmados, que cuentan mucho con muy poco, por eso me maravilla verle en un personaje excesivo, con lenguaje corporal muy particular, y totalmente liberado para que McGregor se lo pase en grande. Y todos salimos ganando. Su Roman Sionis es un villano de manual en el sentido más simple de la expresión. Apenas hay contexto sobre su vida, no tiene un arco definido, y sólo sirve para poner en peligro a las protagonistas, pero lo que lo hace realmente interesante son las decisiones que el actor toma, porque exprime un personaje olvidable en el papel y lo convierte en un circo que encaja con el tono de la película y con el que disfrutas en todo momento. En manos de un actor menos diestro, Sionis habría sido mediocre y olvidable desde el primer minuto, pero McGregor le proporciona una personalidad que destaca. Tiene dos escenas espléndidas en las que demuestra su enorme talento interpretativo, y nos recuerda que debemos mimarle más de lo que hacemos, porque solemos olvidarnos de él injustamente cuando hablamos de intérpretes sobresalientes actuales.

En definitiva, ‘Aves de Presa‘ es una película entretenida, muy agradable a la vista, con una dirección y fotografía fantásticas y chispazos de genialidad, pero queda diluida por el flojo guion, ciertas decisiones de montaje discutibles (la narrativa fragmentada a veces no funciona y es más un problema que una solución) y la sensación de que el reparto secundario nunca brilla lo suficiente ni es tan interesante como debería. Es un continente precioso con contenido escaso que a mí personalmente me ha dejado con cierta sensación de intrascendencia.

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