Crítica: Vida oculta


Vida oculta, dirigida por Terrence Malick

Paisajes asombrosos, colores vívidos y un entorno que se respira y siente a través de la pantalla, así es ‘Vida oculta‘, la más reciente apuesta de Terrence Malick, una reflexión sobre la intrepidez y la moralidad a través de imágenes que muestran la belleza del mundo a pesar de la situación dolorosa que se narra.

Son incontables las veces que el cine ha expuesto el tema de la Segunda Guerra Mundial. Dramas, ficciones, biopics, comedias, han mostrado los horrores del Holocausto y de lo que significó este periodo en la sociedad; hoy en día sigue sorprendiendo la cantidad de historias y de vidas que la guerra afectó de diversas maneras, desde niños y ancianos hasta sobrevivientes, opositores y luchadores. Sin embargo, aunque todo parezca estar contado, llega ‘Vida oculta’ para exponer, de forma poética y de una extrema delicadeza, una de las realidades más crudas de la historia de la humanidad.

Inspirado en las cartas reales que se escribían Franz Jägerstätter y su esposa Fani, mientras este estaba en prisión, la película trata sobre un granjero de un pueblo de Austria que se opone a la guerra y el hecho de participar en ella, es su resistencia ante el partido nazi y su negación a ser fiel a Hitler lo que marca su decisión.

Es a través de su historia que se esbozan dilemas morales que ponen en manifiesto sus acciones, preguntas como ¿Qué está bien y que está mal? ¿Quién puede juzgar al otro ante sus decisiones? ¿Seguir el camino del “bien” es traicionar a su raza y su propio país? ¿Hasta dónde pueden llegar sus acciones sin afectar a la gente que quiere?, evidencian la fuerte convicción de los principios de un hombre además de su fe.

Vida oculta dirigida por Terrence Malick
Escena de «Vida oculta», dirigida por Terrence Malick. Fuente: Twentieth Century Studios

Acompañado a esto está la capacidad que tiene la película de expandir los sentidos al máximo, sus imágenes pueden sentirse, respirarse y vivirse, transportan al espectador en un viaje donde vive la libertad y grandiosidad de una pequeña provincia europea entre las montañas contraponiéndolo a un Berlín sombrío y confinado.

De igual forma, el modo de narrar introduce al público como si fueran ellos los que recordaran la historia; las imágenes superpuestas combinadas con la voz en off permiten adentrarse en este universo sin sentir las 2 horas y 54 minutos que tiene de duración. Asimismo, el cambio de formato y la utilización del blanco y negro, funcionan como preámbulo para marcar el destino de la familia, a la vez que los diversos planos expresan los sentimientos de los personajes; las manos entre padre e hijas muestran la relación entre la familia, las herramientas revelan el oficio del campo, una ventana señala el encierro, una mirada que demuestra el amor incondicional y apoyo y la utilización de un plano subjetivo y la oscuridad para mostrar un final.

La película finaliza dejando una reflexión, es gracias a las acciones que parecen pequeñas, ocultas y sin sentido, que hacen que años más adelante, un grupo de personas frente a una pantalla las vean y piensen que son los actos de resistencia más grandes que alguien hizo para cambiar el mundo.

«The growing good of the world is partly dependent on unhistoric acts; and that things are not so ill with you and me as they might have been, is half owing to the number who lived faithfully a hidden life, and rest in unvisited tombs.»

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