Crítica: Reina de corazones


Reina de corazones dirigida por May el-Toukhy

Deseamos aquello de lo que carecemos, teniendo la esperanza de algún día llegar a conseguirlo. Pero, ¿qué sucede cuando el deseo quiere establecerse en lo prohibido? ¿En algo tan prohibido, tan en lo profundo de la superficie –no tanto de la pornografía– como el incesto entre una madrastra y su hijastro? En ‘Reina de corazones’, May el-Toukhy utiliza esa relación subrepticia para ahondar en temas de interesante calado como la familia y las relaciones de poder que se entretejen a través de ella.

Bajo una paleta de colores fríos, que bien podrían definir cierto tipo de cine europeo, es fotografiada Annie (Tryne Dyrholm), quien ve cómo su vida es sacudida desde que su hijastro Gustav (Gustav Lindh) se muda a vivir con ella y su marido. A partir de ese momento aflora en ella un deseo que el paso del tiempo y de los años se ha encargado de ir escindiendo poco a poco, como si su propia imagen desnuda ante el espejo perteneciera a otra persona, como si tuviera que volver a palparse para recordar lo que algún día experimentó.

Reina de corazones dirigida por May el-Toukhy
Escena de «Reina de corazones», dirigida por May el-Toukhy. Fuente: Festival Films

Así se embarca en una relación abocada al fracaso desde su inicio, mortinata, en cuyas postrimerías saldrá a la luz lo peor de su persona, haciendo uso de su status dentro de la familia para salirse con la suya cueste lo que cueste, ya que, a fin de cuentas, ¿a quién van a creer? ¿A una persona adulta o a un adolescente que reincide una y otra vez en una conducta inapropiada?

May el-Toukhy trasciende su guion con unas decisiones formales (ahondamos en ellas en la siguiente entrevista realizada a la directora danesa) bastante estimulantes, aunque el aquí firmante piense que todo podría llevarse más al extremo del que se lleva: pienso en Annie bailando ‘Tainted Love’ embriagada de deseo, o en esas secuencias de sexo que ponen al cuerpo en primer término, extrañando ese elemento nuestro que tantas veces vemos, miramos, al día, como los momentos más interesantes de un filme, ‘Reina de corazones’, donde duele pensar en el todo el poso que debería haber dejado pero no dejó. Posiblemente, mea culpa.

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