El cine iraní comprometido triunfa en la Berlinale 2020


There Is No Evil, Oso de Oro en la Berlinale 2020

En esta 70ª edición, el jurado de la Berlinale ha otorgado un Oso de Oro muy comprometido premiando a la iraní ‘There Is No Evil‘, cine muy crítico sobre la pena de muerte en Irán dirigido por Mohammad Rasoulof. Una historia dividida en cuatro historias que cuestionan hasta que punto puede expresarse la libertad individual dentro del régimen político iraní.

Tras el estreno de su segunda película, (‘Iron Island‘, 2005), Rasoulof se enfrentó a algunos problemas con la censura en Irán y, como resultado, sus oportunidades de seguir haciendo cine fueron limitadas y prohibidas en gran medida. Hasta la fecha, el cineasta iraní ha producido siete largometrajes, ninguno de los cuales se ha proyectado en Irán debido a la censura, aunque sus películas gozan de una amplia aceptación fuera de su país natal. Sus tres anteriores trabajos, ‘Goodbye’ (2011), ‘Manuscrits dont Burn’ (2013) y ‘A Man of Integrity’ (2017) fueron proyectados en Un certain regard de Cannes, llegando a ganar mejor dirección, Fipresci y mejor película respectivamente.

El cine de Rasoulof se había basado principalmente en narraciones alegóricas como medio de expresión, hasta que en 2010 optó decididamente por una forma más directa de compromiso. En marzo de 2010, Rasoulof fue arrestado en el rodaje mientras dirigía un proyecto junto a Jafar Panahi. En el juicio posterior, fue condenado a seis años de prisión, sentencia que luego se redujo a un año. Luego fue liberado bajo fianza. Con esta película, Mohammad Rasoulof se ha saltado la prohibición que el régimen le impuso por hacer cine y está a la espera para entrar nuevamente en prisión.

Mohammad Rasoulof en la Berlinale 2020
Baran llamando por el móvil a su padre Mohammad Rasoulof durante la rueda de prensa de los ganadores de la Berlinale 2020. Fuente: Getty Images

Una película divida en cuatro historias

Toda sociedad que aplica la pena de muerte necesita personas para matar a otras personas. Cuatro hombres son puestos frente a una elección impensable pero simple. Lo que sea que decidan, les corroerá directa o indirectamente a sí mismos, a sus relaciones y a sus vidas. En cuatro episodios conectados temáticamente, Mohammad Rasoulof cuenta sus historias, que inevitablemente también son las historias de las personas que los rodean:

1. There is no evil

Heshmat, de 40 años, es un amable y agradable hombre de familia. Tiene una vida tranquila con su esposa y su joven hija. Se siente atrapado en una rutina diaria. Gana suficiente dinero para mantener a su familia, pero vemos en sus ojos que vive con un secreto.

2. She said, «You can do it»

Pouya acaba de empezar su servicio militar obligatorio de dos años. Con una baja honorable, podrá solicitar un pasaporte y realizar su sueño de dejar Irán para vivir en el extranjero con su novia. Después de sólo una semana de entrenamiento básico, se enfrenta a un dilema. Tiene una larga noche por delante, una noche en la que Pouya debe decidir entre sus sueños o lo que cree.

3. Birthday

Javad es un joven soldado al que se le ha dado un permiso de tres días desde su base. Viaja a un pequeño pueblo cerca del Mar Caspio para estar con Nana, su prometida, por su cumpleaños. Ha traído un anillo y planea proponerle matrimonio durante la fiesta. Después de llegar a la casa de Nana, se entera de que la muerte de un amigo cercano de la familia ha hecho que cancelen la celebración. El secreto de la muerte de este extraño perturba las vidas de Javad y Nana.

4. Kiss me

Una agradable pareja de mediana edad, Bahram y Zaman, viven en el campo donde crían abejas y son muy queridos y respetados por sus vecinos. Darya, a petición de Bahram y con la aprobación de Zaman va a quedarse con ellos en su granja por unos días. La presencia de Darya en la granja de Bahram y Zaman altera sus vidas en gran medida.

There is no evil, dirigida por Mohammad Rasoulof
Escena de «There is no evil», dirigida por Mohammad Rasoulof. Oso de Oro en la Berlinale 2020.

There is no evil por Mohammad Rasoulof

El año pasado vi a uno de mis interrogadores saliendo del banco cuando cruzaba una calle en Teherán. De repente, experimenté una sensación indescriptible. Sin su conocimiento, lo seguí por un tiempo. Después de diez años, había envejecido un poco. Quería tomarle una foto con mi móvil, quería correr hacia él, revelarme ante él y gritarle con rabia todas mis preguntas. Pero cuando lo miré de cerca y observé sus modales con mis propios ojos, no pude ver un monstruo malvado.

¿Cómo es que los gobernantes autocráticos metamorfosean a la gente para que se conviertan en meros componentes de sus máquinas autocráticas? En los estados autoritarios, el único propósito de la ley es la preservación del estado, y no la facilitación y regulación de las relaciones de la gente. Yo vengo de un estado así.

E impulsado por tales experiencias personales, quería contar historias que preguntaran: como ciudadanos responsables, ¿tenemos elección al hacer cumplir las órdenes inhumanas de los déspotas? Como seres humanos, ¿hasta qué punto debemos ser responsables del cumplimiento de esas órdenes? Enfrentado a esta máquina de autocracia, cuando se trata de emociones humanas, ¿dónde nos deja la dualidad del amor y la responsabilidad moral?

Fuente: Films Boutique
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