Crítica: Y llovieron pájaros


Y llovieron pájaros, dirigida por Louise Archambault

La canadiense Louise Archambault fue de la pocas directoras de cine presentes en la sección oficial del pasado festival de San Sebastián. Su mirada sensible y tierna se deja entrever en su tercer largometraje ‘Y llovieron pájaros‘, tras el drama romántico ‘Gabrielle‘, por el que ganó el premio del público en Locarno en 2013.

Su nueva película, adaptación de la novela homónima de Jocelyne Saucier, nos cuenta como tres viejos ermitaños viven recluidos en el bosque. Al tiempo que un gran incendio amenaza la región, su día a día se verá sacudido por la muerte del mayor, Boychuck, y la llegada de Gertrude, una octogenaria internada injustamente toda su vida en un psiquiátrico. Partiendo de una narración muy cinematográfica, Archambault reconstruye con una sensibilidad única ese mundo de los ermitaños escondidos en el corazón del bosque de Abitibi, haciéndonos sentir, cual experiencia sinestésica, ese aroma del bosque húmedo, del liquen, del lago, de la neblina y de la leña ardiendo en la chimenea.

Y llovieron pájaros, dirigida por Louise Archambault
Escena de «Y llovieron pájaros», dirigida por Louise Archambault. Fuente: Avalon

Un filme bastante conmovedor, de una gran belleza y profundamente honesto. Un retrato un tanto atípico de la vejez con unas interpretaciones espléndidas que viene a defender un modo de vida elegido y asumido con un final de vida duro pero libre, de acuerdo con su naturaleza. Una hermosa historia poblada por personajes impregnados de humanidad que describe un universo único. Una oda a la vida y al amor, con sus defectos y su sufrimiento, con sus sorpresas y sus victorias.

Y llovieron pájaros‘ está inundada de hermosas imágenes. La inmovilidad del lago, la lentitud del invierno, el tiempo que se detiene, la parsimonia al hablar, la sencillez de los gestos, la discreción de los  verdaderos sentimientos y por otro lado la amenaza aterradora de los fuegos, el cielo ardiente, la devastación y el cambio de vida que ennegrece todo. Y ante todo, la dignidad de los personajes. Sales del cine en paz y abrumado.

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