La llorona reaviva el terror del genocidio guatemalteco


La llorona, dirigida por Jayro Bustamante

El cine en Guatemala no podría entenderse ahora mismo sin un cineasta como Jayro Bustamante. En 2015 debutó con ‘Ixcanul’ y cuatro años después estrenaba dos interesantes películas como ‘Temblores’ y ‘La llorona’. En una entrevista concedida en el pasado Festival de San Sebastián afirmaba que sus tres largometrajes son un tríptico en el que quería hablar sobre los tres insultos más utilizados con orgullo en Guatemala: indio, hueco y comunista.

El primero de ellos es ‘indio’, arraigado a la historia de ‘Ixcanul‘, su ópera prima en la que hace referencia a “la vergüenza de nuestros orígenes, en un país en el que más del 70% somos descendientes de los Mayas y solo el 41% se identifica como indígena”. El segundo insulto es ‘hueco’, que significa homosexual, y se plasma en la historia que nos cuenta a través de ‘Temblores‘, donde un hombre de cuarenta años cristiano evangélico descubre su homosexualidad y su familia intenta curarle a través de la religión. El tercer insulto guatemalteco, que viene con ‘La llorona‘, es ‘comunista’, que “no tiene nada que ver con la ideología política, ya que en Guatemala tiene que ver con todo aquel que se preocupa por los derechos del resto porque Guatemala es un país que lucha contra los derechos humanos”. Hablemos de esta última película que mezcla con talento lo político con lo fantástico.

La llorona, dirigida por Jayro Bustamante
«La Llorona» aborda la guerra civil de Guatemala (1960-1996) a través del género de terror.

¿Qué nos cuenta La Llorona?

Alma es una de las víctimas del conflicto armado guatemalteco. Sus hijos son ahogados frente a ella en un ataque a su pueblo. “Si llorás, te mato”, le amenaza un militar. Es asesinada al no poder contener el llanto mientras la sujetan para que no intente salvarlos. Treinta años después, los juicios de crímenes de lesa humanidad durante la guerra en Guatemala están teniendo lugar. Enrique, el ahora exmilitar, es enjuiciado por genocidio. Pronto es liberado, por supuestos errores en el juicio. Entonces, el alma errante de la Llorona se mezcla entre el mundo de los vivos.

En la leyenda se cuenta la historia del dolor y desesperación de una mujer indígena abandonada por su marido que sigue adelante con su vida teniendo dos hijos fuera del matrimonio. El inesperado anuncio del regreso de su marido la obliga a tomar medidas para redimir su condición y acaba ahogando a sus hijos. Después, al ver lo que había hecho, se suicidó. Entonces Dios la castiga a vagar por el mundo como un alma perdida, llorando y buscando a sus dos hijos. Su llanto aterroriza a todos los que lo escuchan.

A diferencia de la leyenda, la película está situada en el mundo de hoy. Llora por sus hijos que murieron durante la guerra civil de Guatemala. Lejos de ser una víctima de la moral social, es una mujer que busca venganza.

Contexto histórico

Se estima que la guerra civil de Guatemala, que duró 36 años, dejó 250.000 muertos, más de 40.000 desaparecidos y unos 100.000 desplazados. La gran mayoría de estas víctimas eran civiles. El período más violento fue de 1981 a 1983. Durante ese tiempo, el ejército nacional tenía hasta 51.600 miembros en servicio activo, apoyados por grupos paramilitares y casi 500.000 campesinos organizados en células armadas. Mientras tanto, los ejércitos rebeldes de la izquierda nunca llegaron a más de 6.000 miembros.

El período más sangriento fue bajo el gobierno de Efraín Ríos Montt, de 1981 a 1983. Se estima que durante cada mes de sus 18 en el cargo, 3.000 personas fueron asesinadas o hechas desaparecer. Estratégicamente, la religión evangélica fue fomentada en el país con el fin de contrarrestar la labor de sacerdotes católicos que practicaban la Teología de la Liberación, que ayudó a los agricultores guatemaltecos ser conscientes de sus derechos y de la injusticia social. En Guatemala, el debate sobre el genocidio nunca concluyó. Está en curso y sigue todavía polarizando la sociedad.

La Llorona, dirigida por Jayro Bustamante
Escena de «La Llorona», dirigida por Jayro Bustamante.

Es un país donde tener ideales sobre la justicia social sigue siendo considerado peligroso y comunista, donde no hay lugar para matices intermedios, donde «comunista» es un insulto. La palabra genocidio se las arregló para desviar la atención de los abusos de derechos cometidos por ambas partes durante la la guerra, en mayor o menor grado. Sobre todo, el origen de las motivaciones que llevaron a la guerra siguen vivas. Por otro lado, la izquierda ha logrado integrar dentro de la esfera política, donde han estado presionando mucho para conseguir que los crímenes contra la humanidad cometidos por el ejército sean jugados, mientras que la derecha los acusa de parcialidad en la justicia.

La llorona por Jayro Bustamante

A Jayro Bustamante le sigue sorprendiendo el poder que todavía tiene en Guatemala y en otros países de América Latina un mito como la Llorona. «Crear una nueva versión de ella es la oportunidad perfecta de tratar de cambiar esos estigmas que están grabados en nuestra herencia cultural», algo que le permite también a Bustamante contar la historia reciente de Guatemala.

Fue fácil para el cineasta guatemalteco el uso del género de terror para hablar sobre el exdictador más sangriento de América Latina. Esta película mezcla la historia de los asesinatos durante el conflicto armado en Guatemala, el expresidente Efraím Ríos Montt siendo condenado por genocidio y después anulado, las abuelas de Sepur Zarco esperando justicia por crímenes de lesa humanidad cometidos por militares, la esclavitud sexual de las mujeres nativas, la misoginia, el clasismo, la religiosidad, el misticismo y hasta el realismo mágico. Todos estos ingredientes crean una amalgama de suspense y terror que sobrepasa la leyenda misma.

«Necesitaba cautivar el interés internacional, pero sobre todo el de mi pueblo, y así empecé este viaje volviendo a mis miedos de la infancia, a mi nuevos miedos como adulto y mi interés por la narración de historias. Una forma cinematográfica de denunciar, todo bajo el disfraz del entretenimiento, sin perder nunca de vista el cine de autor universalmente reconocido».

Fuente: La casa de producción
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