The Yellow Sea, el peso de la identidad


The Yellow Sea (2011), dirigido por Na Hong-jin

Recuperamos las reseñas de cine surcoreano con este filme de Na Hong-jin, director de filmografía corta pero aclamada a nivel internacional. Hong-jin inició su carrera como cineasta con dos cortometrajes estrenados en 2005 y 2007 hasta debutar con ‘The Chaser‘ en 2008, un thriller de acción magnífico que llamó la atención de muchos por su fuerza y capacidad para remover al espectador en su asiento. Luego llegaría el filme que nos ocupa, ‘The Yellow Sea’, cinta estrenada en el año 2010 que ganó el premio a Mejor Director en el Festival de Sitges. Esta película cuenta con todos los ingredientes de un gran thriller surcoreano: tensión, intriga y violencia descarnada. Sin embargo, al contrario que ‘The Chaser’, creo que la ambición desmedida de Na Hong-jin hace que esta película abarque mucho y apriete poco, quedando un resultado desequilibrado.

The Yellow Sea, menos es más

La primera mitad de ‘The Yellow Sea’ me ha resultado notable porque Hong-jin realiza un estupendo trabajo a la hora de presentar al personaje principal y el mundo en el que vive. Gu-nam (un espléndido Ha Jung-woo) trabaja como taxista y en su tiempo libre se dedica al juego, algo que le genera numerosos problemas a nivel económico. Gu-nam es «Joseonjok», y me gustaría explicaros qué significa este término porque ayudará en el entendimiento del conflicto del protagonista. «Joseonjok» es una palabra utilizada para definir a personas de origen coreano que viven en China. Dicho término tiene una connotación negativa, ya que estas personas parecen pertenecer (o han sido empujados a pertenecer) a una tercera categoría: no son coreanos ni chinos, sino una mezcla intermedia que genera un problema de identidad desde fuera, sobre todo en Corea del Sur. En este artículo podéis leer mucho más al respecto, ya que es una situación que se originó en el siglo XIX y se ha ido transformando con el tiempo, por lo que no es fácil de definir en apenas dos frases. Pero quedaos con la idea: los «joseonjok» son considerados surcoreanos de segunda.

Dicho esto, Gu-nam vive en Yanbián, prefectura autónoma coreana que está rodeada por Corea del Sur, China y Rusia. La esposa de Gu-nam emigró a Corea del Sur para ganar dinero y poder enviarlo a casa a su marido y su hija. Pero tras un tiempo sin dar señales de vida, y acosados por las deudas del juego y el visado de la mujer, Gu-nam acepta la oferta de Myung-ga (un sobresaliente Kim Yoon-seok) para asesinar a un hombre que vive en Corea del Sur. Y toda esta sección de la película es realmente subyugante, porque el conflicto está perfectamente presentado, entiendes por qué el protagonista se ve forzado a aceptar dicha oferta, y Hong-jin apuesta por la sobriedad y cierto realismo social que le viene muy bien a la historia que está contando.

La primera hora de película funciona como un reloj porque el ‘in crescendo’ es fantástico y ves cómo Gu-nam no sólo se encuentra en una situación a contrarreloj a la hora de asesinar al citado hombre, sino también porque tiene un tiempo limitado para encontrar el paradero de su esposa. Hay varias cartas sobre la mesa pero la misión, aunque muy compleja, es simple en su núcleo, y la película transita este camino con muchísima solvencia. El problema: una vez ciertas tramas se van cerrando, la película introduce nuevas que expanden la historia a niveles mucho mayores de los que necesita, y de repente el filme se convierte en un animal nuevo y descontrolado.

The Yellow Sea, dirigido por Na Hong-jin
Escena de «The Yellow Sea» (2011), dirigido por Na Hong-jin.

Regodearse en el exceso

Tras una hora de filme, empiezan los problemas. ‘The Yellow Sea’ cambia de tercio e introduce a la policía, mafiosos y personajes de distinta índole que aparentemente tienen un papel clave en todo este entramado, pero su aparición ocurre en el momento álgido de la cinta, y lo que podría haber sido un estupendo thriller minimalista con contenido sociopolítico de 80 minutos de duración se convierte en una película de gangsters, persecuciones y violencia gratuita que diluyen a cada escena todo lo edificado con anterioridad. Gu-nam se transforma en una versión hipervitaminada de John McClane, sobrevive a situaciones que rozan el ridículo y la película opta por el exceso y la caricatura, en contraste con la sobriedad de su primera mitad. Y el problema es que toda la acción transcure de manera continuada, una secuencia enlaza con otra, y apenas hay tiempo para el respiro, así que la historia se acaba ahogando en un mar de sangre y situaciones imposibles.

Por otra parte, aunque conectado con lo dicho anteriormente, Hong-jin parece haber visto que le sobraba presupuesto y empezó a crear un caos absoluto en las calles de Corea del Sur, realizando persecuciones en coche y a pie que no sólo son inverosímiles sino que en muchos momentos no aportan nada a la trama ni desarrollan a los personajes. Christopher McQuarrie, director de ‘Misión Imposible: Nación Secreta’ y ‘Fallout‘, siempre dice que una escena de acción solo debe existir si ayuda al personaje a algún nivel, ya sea para informarle de algo, para avanzar la trama o para motivar su evolución. En los últimos 40 minutos de esta película, el cineasta surcoreano no parece haber considerado esa máxima, y reconozco que por momentos desconecté en ciertas escenas de acción o lucha, y no porque estuvieran mal dirigidas (la cámara en mano tan nerviosa nunca me ha convencido, pero Hong-jin consigue sobrevivir a esta decisión estilística), sino porque no me están aportando nada a otro nivel.

En resumidas cuentas, ‘The Yellow Sea’ es un interesante y notable thriller surcoreano en su primera mitad, y un irregular y excesivo filme de acción descarnada en su segunda. El comentario sociopolítico se mantiene presente durante su metraje, pero está mucho mejor utilizado al inicio y es dejado en un segundo plano en el tercer acto para destacar grandilocuentes combates y persecuciones que aisladas están muy bien, pero en el contexto de la historia me resultan extremas e incluso innecesarias en alguna ocasión. Sigue siendo un filme correcto, pero el sabor de boca final es algo agridulce.

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