Johnny Guitar, una historia universal

Un western único en la historia del cine

Joan Crawford en Johnny Guitar (1954)

Es un buen momento para recuperar los clásicos de la historia del cine, ante la saturada oferta de títulos en plataformas digitales. Antes de abundar en la mediocridad para encontrar algo que merezca la pena, por qué no dedicarle tiempo a lo notable. A las historias que nos ayudan a reflexionar con sus mensajes. El cine clásico tiene la peculiaridad de atrapar en su tela de araña a todo público que ose echar un vistazo. Hagan la prueba. Dediquen diez minutos a ver el principio de ‘Johnny Guitar‘ y les aseguro que tendrán que terminarla. Si no la han visto con anterioridad, están de suerte, ha llegado su momento. Y si ya conocen a Vienna y a Johnny, tranquilos, los verán con nuevos ojos. Es posible que esta vez interioricen los conflictos que se representan en esta cinta, acercándose a alguna experiencia de su pasado.

¿Y esto por qué sucederá? Bueno, sencillamente porque esta película de Nicholas Ray, a pesar de haber sido rodada en 1954, nos habla de temas tan universales como el odio cainita, la ira, la venganza o el amor homérico reencontrado. ¿Quién no ha vivido estos sentimientos alguna vez en sus carnes? O por otra parte, el intento por prosperar, luchar por un sueño, a pesar de tener a todo el mundo en tu contra. El individuo contra el colectivo, una pelea desesperada. David contra Goliat, tan presente en la época en que se rodó, con el senador McCarthy y los Diez de Hollywood como telón de fondo. Precisamente, uno de los perseguidos fue el guionista que escribió la adaptación de esta historia, Philip Yordan que, a la desesperada, por defender sus ideas frente a una nación enfervorecida contra el comunismo, no tuvo otro remedio que exiliarse en nuestro país, donde llegó a colaborar en grandes superproducciones como ‘El Cid’, ’55 días en Pekín’, o ‘La caída del Imperio romano’.

Sin embargo, la película no solo es interesante por la temática que presenta. El valor quizás resida en la forma en que se narran los hechos. Es un western clásico, pero no uno más de los miles que se rodaron de serie B para entretener al público. Esta joya del séptimo arte tiene la peculiaridad de convertir a sus protagonistas en mujeres, equiparando su fuerza interpretativa a los típicos personajes caracterizados por John Wayne o Gary Cooper. La película se titula ‘Johnny Guitar’, pero en realidad Sterling Hayden es un antihéroe secundario. Tampoco le favorece el nombre utilizado en la España franquista, ‘Mujer Pasional’. Vienna, nuestra verdadera heroína, no está en absoluto motivada por sus emociones. Todo lo contrario, espera paciente para tomar sus decisiones.

Sterling Hayden en Johnny Guitar
Sterling Hayden en una escena de «Johnny Guitar» (1954), dirigida por Nicholas Ray.

Además, este western tiene como novedad el cambio del punto de vista. Nos sitúa en el lado oscuro, pero sin juzgarlo. Nicholas Ray plantea un dilema moral, enfocando su crítica hacia el pueblo ¿De verdad la mayoría siempre tiene la razón? ¿Y si están equivocados? ¿Y si los mueve solo una ideología extremista? Piénselo. Nuestros protagonistas no son unos santos. Johnny Guitar, es un pistolero que huye de un pasado lleno de muertos; Vienna, figura como la intrusa que intenta apoderarse de la región, apoyando la llegada del ferrocarril para su propio beneficio; o los bandidos comandados por Dancing Kid que tratan de hacerse ricos recurriendo a la fuerza. Todos ellos personajes con los cuales nos identificamos, a pesar de estar al otro lado de la valla, aquella que suele dividir el bien y el mal. El director nos traslada la pregunta sobre donde se sitúan cada uno de los personajes. No es tan sencillo como parece porque quizás no todo en la vida sea blanco y negro como en ‘Solo ante el peligro‘, ¿verdad?

Aparentemente, la historia es sencilla. Podría resumirse brevemente. Una pareja de viejos amigos, que guardan una relación en el pasado, se reencuentran de nuevo en medio de un conflicto lleno de celos y venganza, los verdaderos hilos conductores de este western. El amor pasa a un segundo plano, más personal, entre los protagonistas, con una frase inmortal que sintetiza su relación, “Miénteme y dime que me amas», pronunciada sorprendentemente para la época por un hombre, éste si apasionado.

En esta historia todo el mundo está celoso. Todos menos Vienna que parece mostrar una aptitud personal de superación. Johnny Guitar siente celos por el pasado de viejo amor; Emma no soporta que su archienemiga y Dancing Kid sean algo más que amigos. El pueblo siente celos de Vienna por sus progresos; e incluso Dancing Kid siente una mezcla de envidia y admiración por Johnny Guitar, a pesar de ser su antagonista. Fíjense en el pelo de ambos, uno es rubio y otro moreno. Un signo que nos indica rivalidad, enfrentamiento. Los actores nunca son elegidos al azar.

Johnny Guitar (1954), dirigida por Nicholas Ray
Joan Crawford, Scott Brady y Sterling Hayden en «Johnny Guitar» (1954).

Por otro lado, la venganza es el motor de la historia, el combustible que hace que arda todo. Una venganza que no se esconde y que ya sabemos que solo tendrá una resolución mediante un duelo a vida y muerte. Emma, encarnada por una espléndida Mercedes McCambridge, es quizás la mala más temible de la historia del cine. Es una bruja expresionista. Sus facciones y su forma de moverse por el escenario no tienen nada que envidiar al Cesare de Caligari.

En cuanto a la estructura de ‘Johnny Guitar’, cabe señalar la tensión que se mantiene a lo largo de todo momento para atrapar nuestra atención. Cuenta, en primer lugar, con una presentación que nos muestra la llegada de Johnny Guitar y la muerte del hermano de Emma en el asalto a la diligencia. Un inicio puramente teatralizado, ambientado en un solo escenario, donde nos dan a conocer a todos los personajes de la película y en el cual la tensión comienza a ascender hasta que se rompe con la aparición de Johnny cogiendo un vaso de whisky a punto de caer. Sterling Hayden interpreta a un forastero que media entre la tensión, situándose físicamente en medio de los bandidos y el Marshall. No quiere líos. Él no lleva revólver, de modo que solo le queda la música para apaciguar a las fieras.

Esta presentación contaría con un detonante, el momento en que nuestro vaquero coge las pistolas para desarmar al joven bandido y nos muestra por fin de qué pasta está hecho. Una escena que inevitablemente nos conduce al nudo, rompiendo ya con la calma tensa del universo de la historia con el atraco al banco como punto central, el motivo de la venganza.

Como consecuencia de este atraco y el funeral por la muerte de Emma, el pueblo se mueve en una masa, típicamente macarthyana, como una caza de brujas, contra el individuo indefenso, en este caso Vienna y Johnny. Hay un plano que prefigura este paso del duelo a la guerra, la caída del velo de Emma mientras se dirige al saloon acompañada de su tropa. Como si oyésemos los tambores de los indios momentos antes de un ataque o la trompeta de la caballería con los sables apuntando al enemigo.

Joan Crawford en Johnny Guitar (1954)
Vienna (Joan Crawford) vestida de blanco da la bienvenida al piano a Emma y sus hombres.

Por último, el desenlace, obviamente, esta protagonizado por la huida de nuestros protagonistas, después de ese intento de ahorcar a nuestra querida Vienna. En este momento, el papel del pueblo ya queda claramente reflejado en la sumisión al poder de una esquizofrénica.

Este desencadenante se desarrolla en un tercer y último escenario importante, el refugio de los bandidos. Lugar donde se llevará a cabo el duelo final entre las protagonistas, borrando ya cualquier atisbo de posible protagonismo por parte de Johnny Guitar. Piensen que Johnny solo es un medio, nunca un fin. Funciona como deus ex machina, un artificio para ayudar a Vienna en lo que necesite, pero siempre en silencio, en segundo plano.

De igual forma, Dancing Kid tampoco es el verdadero antagonista de la película. Si bien se puede establecer un triangulo amoroso de relaciones entre el bandido, Vienna y Johnny Guitar, con su correspondiente tensión; en realidad, el dibujo que nos presenta esta película no es un triángulo, sino un cuadrado. Un cuadrado en cuyas aristas está, por el lado izquierdo, Dancing y Vienna, basados en una relación de amistad; en el margen derecho, Bart y Emma como si fuesen el mismo personaje, y entre ellos un cruce de conflictos. Dancing y Bart, luchan por controlar su poder, sin darse nunca la espalda; y por último, Vienna y Emma, como dos distintas caras de una misma moneda.

Por último, es importante ahondar en los recursos visuales de ‘Johnny Guitar‘. Su simbología esta a la altura del cine de autor, a pesar de que se trate de un western. En primer lugar, en ‘Johnny Guitar’ se recurre a un artificio propio de los musicales, el uso del color para identificar a cada uno de los personajes con su personalidad. En el caso de los forajidos, cada cual va ataviado con una camisa roja, amarilla, verde y azul. Además, nuestras protagonistas se diferencian claramente en esos colores tan característicos de los rivales, el negro, asociado al funeral del hermano de Emma, y por el contrario el vestido blanco de Viena para subrayar su inocencia en el atraco al banco.

Y en segundo lugar, es importante destacar la importancia de la naturaleza y su banda sonora. Nicholas Ray utiliza los cuatro elementos de la naturaleza a lo largo de la historia para mostrarnos distintas claves del drama. El viento, en los primeros minutos de la cinta, para generar tensión e inquietud; el agua del lago y la cascada para transmitir tranquilidad y mostrar que se trata de un refugio escondido; la tierra, con las voladuras durante la construcción del ferrocarril, que cae sobre los bandidos cuando tratan de cruzar, para indicarnos que no hay camino; y por último, el fuego, que reduce a cenizas el sueño de Vienna y nos muestra que se ha perdido toda esperanza.

Pero si hablamos de la banda sonora diegética, también, debemos de mencionar la maravillosa canción de Pegge Lee – sin menospreciar la versión que de ésta hicieron The Spotnicks-, que a modo de leitmotiv nos recuerda constantemente el amor y el pasado compartido entre nuestros dos protagonistas. Nicholas Ray recupera la figura del vaquero musical de los 30, normalmente ataviados con su guitarra, para jugar al despiste. La música nos recuerda que ellos tienen un código secreto más allá de lo visible en la trama. Parecen decirnos sin palabras, como el duelo de voces y guitarras entre Tracy Chapman y Eric Clapton, Give me one reason to stay here and I’ll turn right back around.

Razones para ver esta película hay muchas, ahora solo busquen una excusa para darse el regalo de reencontrarse con ‘Johnny Guitar’.

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