Los premios Príncipe/Princesa de Asturias del séptimo arte


Francis Ford Coppola (premio Princesa de Asturias en 2015)

La Fundación Princesa de Asturias es una institución privada sin ánimo de lucro que tiene como objetivo el contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal. El título que da nombre a estos premios tradicionalmente lo ostentan los herederos de la Corona de España. Es por ello que, después de proclamarse Felipe VI como rey en 2014, la Fundación y, por ende los galardones, se llamaran premios Princesa de Asturias, título que ahora ostenta su hija Leonor.

Entre las ocho categorías en las que se conceden estos prestigiosos galardones está el premio Princesa de Asturias de las Artes, destinado a galardonar la labor cultural realizada por personas en el ámbito internacional. El cine como séptimo arte ha logrado este premio en nueve ocasiones. Desde la creación de los premios en 1981, ninguna mujer cineasta lo ha ganado y hemos visto como las profesiones de actor y director solo han sido merecedoras del preciado galardón. Ahora se suma la de compositor musical.

Hubo que esperar a 1986 para que los premios Príncipe de Asturias reconocieran la labor en la categoría de Artes a un director de cine, el español Luis García Berlanga, que ya fuera reconocido con varios premios y nominaciones en festivales internacionales como Cannes, Venecia o San Sebastián.

 

Años más tarde, en 1995, se le concede el galardón a Fernando Fernán-Gómez. Magnífico cómico español, que durante más de medio siglo de vida artística y profesional ha construido en España y América una increíble biografía como actor de cine, teatro y televisión, director y autor.

Dos años más tarde el cine volvía a ser protagonista de este premio, esta vez, reconociendo al genovés Vittorio Gassman por su labor como actor y productor cinematográfico y teatral, así como por su faceta de escritor. Considerándolo además como uno de los más grandes innovadores de la creación artística de nuestro tiempo, y una referencia moral para todas las generaciones.

 

Ya comenzado el siglo XXI llegó el momento del reconocimiento total a los directores de cine. Ya van cinco realizadores de amplia trayectoria internacional e indudable talento quienes han recogido el premio Príncipe de Asturias de las Artes (ahora premio Princesa de Asturias de las Artes).

En 2002 al carismático y director fetiche de esta web, el neoyorkino Woody Allen; en 2006 al más transgresor de nuestra cinematografía reciente, el manchego Pedro Almodóvar; en 2013 al ecléctico cineasta austríaco Michael Haneke. En 2015 el honor recayó en Francis Ford Coppola, quién recogió en el Teatro Campoamor de Oviedo el primer premio Princesa de Asturias de las Artes por su indiscutible «lugar prominente en la historia del cine. Y en 2018 el agraciado fue Martin Scorsese, cuyo jurado ha destacado la renovación realizada por el director a lo largo de más de una veintena de películas que le convierten en «una figura indiscutible del cine contemporáneo».

En 2020, Ennio Morricone y John Williams tendrán el honor de recibirlo ex aequo. Los dos compositores de bandas sonoras muestran «un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas», recoge el acta. Se trata de la primera vez que se reconoce la creación musical para el cine en los premios Princesa de Asturias de las Artes. Sin duda, dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo que han enriquecido con su talento cientos de películas.

Ya era hora de que los premios Princesa de Asturias de las Artes reconocieran otras profesiones del cine, que sin lugar a dudas también son creadoras y propulsoras del arte. Desde Macguffin007 proponemos para futuros premios, al también compositor Alberto Iglesias, por su capacidad innata para captar la emoción de una historia en muchas de sus composiciones, y al director de fotografía Javier Aguirresarobe, por renovar y  hacer crecer la imagen cinematográfica gracias a su habilidad para jugar con las luces y las sombras.

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