El olvido que seremos, la película colombiana de Fernando Trueba


El olvido que seremos, dirigida por Fernando Trueba. Sello Cannes 2020.

El olvido que seremos‘, dirigida por Fernando Trueba, es una de las 56 películas que lucirán el sello Cannes 2020. Se trata de una producción colombiana que ha llevado a imágenes uno de los libros esenciales de literatura latinoamericana reciente. David Trueba, hermano del director, ha escrito el guion de la película, adaptando la novela homónima de Hector Abad Faciolince, Forgotten We’ll Be, la historia de un hombre dividido entre el amor de su familia y su lucha política en la violenta Colombia de las últimas décadas.

La película retrata la vida de Héctor Abad Gómez, un destacado médico y activista de los derechos humanos en la polarizada y violenta Medellín de los años 70. Un hombre de familia preocupado, no solo por sus propios hijos, sino también por los de las clases más desfavorecidas, su hogar estaba imbuido de vitalidad y creatividad, resultado de una educación basada en la tolerancia y el amor. Nada podía predecir que un terrible cáncer se llevaría la vida de una de sus amadas hijas. Impulsado por la tristeza y la rabia, Héctor se dedicó a las causas sociales y políticas de la época. Pero la sociedad intolerante de Medellín lo acosaría hasta que finalmente fue silenciado. Esta es una historia íntima vista a través de los ojos de su único hijo, Héctor Abad Faciolince, uno de los escritores más destacados de la literatura moderna en español.

El olvido que seremos, por Fernando Trueba

Cuando leí por primera vez el libro de Héctor Abad me impactó, como probablemente lo hizo con los miles de lectores de todo el mundo que han hecho de este texto un clásico de su tiempo. A lo largo de los años he comprado el libro innumerables veces, en diferentes países, en diferentes idiomas (francés, portugués, inglés…), y se lo he regalado a amigos muy queridos, no solo a meros conocidos.

Cuando se me sugirió que adaptara y dirigiera la película me pregunte: ¿Cómo puedes competir con algo tan verdadero, tan esencial, tan delicado, tan doloroso y tan real? Por eso mi primera reacción a una oferta tan «feliz» fue la cautela, el shock y tal vez el miedo. También me preocupaba la línea de tiempo. En el libro, la historia abarca más de veinte años. ¿Cómo podría resolver eso inmediatamente de manera cinematográfica?.

Javier Cámara y Fernando Trueba en 'El olvido que seremos'
Fernando Trueba dirige a Javier Cámara durante el rodaje de ‘El olvido que seremos’.

En la adaptación cinematográfica del libro, este problema temporal se aborda concentrando la acción en dos períodos: la infancia del hijo de Héctor y la muerte del padre de Héctor. Así que el material se reorganiza en torno a esos dos «momentos». Pero para mi la imaginación, incluso la estética de la película, comenzó gradualmente a unirse con dos estilos separados, uno para cada período, dos tratamientos distintos que se complementarían, se iluminarían y acabarían dando significado el uno al otro.

Cada vez que hago una adaptación, recuerdo el viejo chiste de Hollywood: dos cabras están mirando la comida en la basura y una está comiendo un carrete de película. «¿Cómo es?» le pregunta el otro. “Yo prefería el libro». Cuando se trata de Forgotten We’ll Be, la broma sobre la cabra es más real, pero la cobardía es también más cobarde. Es un libro necesario, no solo para Colombia, ni siquiera para Latinoamérica, sino para todos los habitantes de este maltratado planeta, ¿no es necesaria la película también? Los valores que esta historia representa nos conmueven tan profundamente. No deja a nadie indiferente porque nos afecta a todos. Debería ser contado y recontado. Incluso si es solo con la esperanza de hacer este mundo un poco mejor o, más modestamente, que miles de personas más leyeran el libro.

El olvido que seremos‘ relata nuevamente, pero con una poesía renovada, con la verdad desarmante: la colisión frontal entre el bien y el mal, entre la humanidad y estupidez, bondad e irracionalidad, civilización y la brutalidad. Forgotten We’ll Be es una historia de amor, la historia de amor entre un hijo y un padre. Y también es el retrato de un hombre bueno en una época en la que ser bueno no solo no es fácil, sino también el mayor de los riesgos. Una época en la que la atracción fotogénica del mal, la fascinación por la violencia, inunda continuamente y con insistencia nuestras pantallas de cine y televisión, nuestra literatura y, lo peor de todo, nuestra vida diaria.

Finalmente, un día empecé a soñar con la película, literalmente, a soñar que la estaba rodando. Y por experiencia sé que cuando eso sucede, la película es inevitable. Te posee, te cuestiona, te habla, te guía, te ordena. Y no tienes otra opción que obedecer. Hazlo.

Fuente: Film Factory
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