Las influencias de La caza, la película atacada por Trump


La caza, dirigida por Craig Zobel

En ‘La caza‘, dirigida por Craig Zobel, doce extraños se despiertan en el claro de un bosque. No saben dónde están ni cómo han llegado hasta ahí. Tampoco saben que han sido escogidos… para algo muy concreto… para ser cazados. A raíz de una teoría de la conspiración nacida en la dark web, un grupo de la élite mundial se reúne por primera vez en una recóndita mansión para divertirse cazando a seres humanos. Pero su plan maestro no sale como esperan ya que una de las víctimas, Crystal (Betty Gilpin), conoce el juego de los cazadores mejor que ellos mismos. Matándoles uno a uno, Crystal conseguirá invertir la situación y acercarse poco a poco a la misteriosa mujer, interpretada por Hilary Swank, que ideó el juego.

La inspiración a partir de un clásico de los años treinta

El clásico de RKO estrenado en 1932, ‘El malvado Zaroff’ es el primer título, y quizá el más conocido, de un subgénero de suspense y de terror: las películas de caza humana. El loco conde ruso Zaroff (Leslie Banks) se las arregla para que naufraguen barcos en la costa de la lejana isla donde vive para así cazar y matar a los supervivientes. El éxito de la película dio pie a títulos posteriores como ‘A Game of Death’ (1945) y ‘Huida hacia el sol’ (1956), que a su vez inspiraron largometrajes como ‘La presa desnuda’ (1965), ‘Deliverance’ (1972), ‘La presa’ (1981), ‘The Game’ (1997), ‘Battle Royale’ (2000) y la franquicia ‘Los juegos del hambre’ (2012/2015).

Hay una larga tradición de películas donde las presas son seres humanos, y probablemente la más famosa sea ‘El malvado Zaroff’. Según sus guionistas hay algunos elementos de ‘Deliverance‘ (1972), un clásico en el que unos hombres de la ciudad se ven desbordados al enfrentarse a otros del campo. La idea de gente fuera de su ambiente vino sobre todo de esa película. Quizá la mejor forma de describir ‘La caza‘ es decir que tiene el esqueleto de un thriller de acción y suspense con un elevado número de cadáveres, pero que el núcleo es una sátira. El objetivo era hacer algo del estilo de ‘¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú’ (1964) o, para ser más contemporáneos, como ‘Déjame salir’ de Jordan Peele, refiriéndose  a los comentarios sobre el momento político, pero con la idea de ser un poco como el caballo de Troya dentro de algo más entretenido.

Los guionistas sabían que la clave estaba en explicar qué motivaba a los cazadores y descubrieron la excusa perfecta en la quinta enmienda de la Constitución estadounidense a través del thriller ‘Doble traición‘ (1999) dirigido por Bruce Beresford, en el que una mujer es acusada de haber asesinado a su marido y decide ir en su busca y matarle cuando descubre que sigue vivo. La justicia no puede volver a condenarla por el mismo crimen, lo que le permite salirse con la suya. “Se nos ocurrió aplicar esta misma idea a una teoría de la conspiración por la que se acusa a alguien de cazar seres humanos cuando no es verdad, pero el daño ocasionado por la acusación ha sido enorme. ¿Qué más da si todo el mundo ya cree que esa persona lo hace?”, afirman Damon Lindelof y Nick Cuse.

El regreso de la verdad

Las acusaciones de “fake news” (noticias falsas) que intercambian el paradigma izquierda-derecha hace que cada vez sea más difícil distinguir entre la realidad y la mentira, y las teorías de la conspiración son perfectamente creíbles para muchos. “Cuando hablábamos de teorías de la conspiración y de la cantidad de ideas totalmente locas sobre la élite o el otro bando que se traga la gente, nos dimos cuenta de que teníamos algo interesante entre manos”, dice Damon Lindelof.

La desconfianza hacia los medios habituales ha crecido en los últimos años gracias a la competitividad y al enfrentamiento, que añaden leña al fuego de la división y la suspicacia. En un momento de creciente animadversión y desconfianza entre diferentes grupos, ‘La caza’ muestra qué ocurriría si nuestros temores más paranoicos acerca del otro fuesen verdad, y cómo nos comportaríamos en semejante situación. En la era digital, una conjetura puede llevar a una acusación por correo electrónico o mensaje de texto y convertirse en la chispa que enciende la controversia o destruye reputaciones y vidas.

El guion quería mostrar cómo unas conjeturas nacidas en el espacio de los medios sociales y la dark web pueden dar pie a teorías de la conspiración que han convertido a un país que antaño se preciaba de un individualismo sin fallas y de ser un crisol cultural en una nación de caricaturas. “La película intenta no meterse demasiado en las opiniones y creencias de los personajes porque estamos interesados sobre todo en la idea de la política de identidad y en lo que damos por sentado del otro, para demostrar que muy a menudo estas suposiciones están totalmente equivocadas”, dice Damon Lindelof. Examinando las tensiones y enfrentamientos entre la derecha y la izquierda de forma exagerada, ‘La caza’ revela lo superficial y paranoicas que son estas divisiones.

Betty Gilpin en La caza, dirigida por Craig Zobel
Betty Gilpin en «La caza», dirigida por Craig Zobel. Fuente: Universal Pictures

La influencia hitchcockiana de La caza

Los guionistas decidieron sembrar el guion de minas inesperadas haciendo caso omiso de las reglas habituales y retando las expectativas del público. “El espectador sabe qué esperar cuando el personaje entra en una casa encantada”, explica Nick Cuse. “Es mucho más divertido si el personaje abre la puerta, mira dentro y sale espantado, chillando, porque no es lo que suele ocurrir. Después de ver muchas películas, se sabe qué va a pasar en las escenas de suspense; por eso, mientras escribíamos ‘La caza’, nos esforzamos en ir a contrapelo de las expectativas del espectador. Pero hay que conocer las tradiciones y amarlas para poder revertirlas”.

Los dos guionistas casi dejan de lado la estructura narrativa convencional al presentar toda una serie de personajes en los primeros minutos de la película y matándolos poco tiempo después. El desfile de presuntos héroes y protagonistas que llegan a un inesperado y brutal fin muy al principio de la película viola una de las reglas fundamentales de la escritura de guion: El protagonista y los personajes principales deben aparecer en los primeros minutos de la película y permanecer al menos hasta la tercera parte de la historia.

No suele matarse pronto al héroe porque se establece una conexión emocional con el público, y si el héroe desaparece casi inmediatamente, al espectador no le va a importar mucho lo que pase después. Para ello se les ocurrió crear varios posibles héroes que morían uno tras otro, de tal modo que el público no tuviera tiempo de crear un vínculo con ellos. Al contrario, aumentaría la sensación de curiosidad, de querer saber qué iba a pasar a continuación.

El razonamiento de los guionistas se apoyó en la clásica ‘Psicosis‘. Rodada por Alfred Hitchcock en 1960, es una obra maestra manipulando al espectador. Marion Crane, a la que daba vida Janet Leigh, es la protagonista indiscutible, pero aparece en las primeras secuencias y muere antes del final del primer acto. Cuando Norman Bates asesina inesperadamente a Janet Leigh en la escena de la ducha, este personaje masculino secundario se convierte de pronto en el protagonista. “Nos planteamos hacer lo mismo que en ‘Psicosis’ multiplicándolo durante los 13 primeros quince o veinte minutos de la película. ¿Qué pasaría si el personaje que todos creen que va a protagonizar la historia muere enseguida?”, plantean los guionistas.

Pero no se conformaron con eso. Supusieron que muchos fans del género adivinarían a lo que estaban jugando y decidieron mantener a cada nuevo personaje más tiempo en pantalla. Transcurren veinticinco minutos antes de que aparezca la verdadera protagonista de ‘La caza’, concretamente cuando Crystal, interpretada por Betty Gilpin, entra en la gasolinera. “Para entonces esperamos haber convencido al público de que también somos capaces de matar a Crystal si es necesario”, acaba diciendo Damon Lindelof.

Fuente: Universal Pictures
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