Un plan irresistible, un retrato cómico de las elecciones


Un plan irresistible, dirigido por Jon Stewart

Escrita y dirigida por Jon Stewart, ‘Un plan irresistible‘ es una comedia sobre lo que ocurre cuando el circo mediático que rodea las elecciones americanas convierte a una pequeña población de Wisconsin en el principal foco de atención política del país.

Cuando el estratega más destacado del Comité Nacional Demócrata, Gary Zimmer (Steve Carell), ve un vídeo del coronel retirado de la Marina Jack Hastings (Chris Cooper) defendiendo los derechos de los trabajadores locales sin papeles, cree inmediatamente haber descubierto la clave para recuperar a los votantes de la América profunda. Con esa idea en mente, Gary decide hacer una visita sorpresa a la granja de Hastings en la campestre localidad de Deerlaken (Wisconsin) para persuadir a este marine retirado y sin convicciones políticas de que debe presentarse como candidato a la alcaldía. Para ello, Gary confía desde el principio en la competente hija de Jack, Diana (Mackenzie Davis) y en su equipo de voluntarios tan entusiastas como inexperimentados.

Pero cuando el Comité Nacional Republicano contraataca enviándole a Faith Brewster (Rose Byrne) -su brillante némesis- para luchar por la alcaldía, Gary se verá obligado a poner toda la carne en el asador. Con Gary y Faith midiendo sus fuerzas, lo que comenzó como una carrera local salta rápidamente al ámbito político nacional convirtiéndose en un desternillante enfrentamiento para conquistar el alma de América.

Con esta nueva comedia, Jon Stewart inyecta su ágil sentido del humor y su profundo conocimiento de la política estadounidense a una historia sobre las elecciones en una pequeña localidad que se acaba convirtiendo en una batalla por el poder entre demócratas y republicanos. Mientras analiza la escalada de tácticas de poderosos consultores demócratas y el circo mediático resultante, ‘Un plan irresistible traza un desternillante y afilado retrato del sistema político americano. Un reparto con estrellas de primera fila encabezado por Steve Carell insuflan brío cómico y una profunda humanidad a los personajes, convirtiendo la película en una apuesta tan divertida como relevante.

Jon Stewart, director de Un plan irresistible
Jon Stewart, director de «Un plan irresistible».

Un plan irresistible: la realidad como base de inspiración

«En vez de centrarme en una figura tipo Trump o en un político en ascenso, me atraía analizar el tema desde la perspectiva del sistema», afirma su director. En la primavera de 2017, se celebraron unas elecciones especiales en Georgia para ocupar un asiento vacante del Congreso. Fue la primera elección de la era Trump y se convirtió en una historia de gran repercusión mediática nacional en la que un joven candidato debutante demócrata, Jon Ossof, emergió como principal aspirante en un distrito históricamente republicano. Para cuando, en junio, la contienda pasó a ser un uno contra uno entre Ossof y la republicana Karen Handel, esta carrera por alcanzar el Congreso ya se había convertido en la más cara de la historia de la Cámara, con una inversión estimada de unos 55 millones de dólares, según datos del New York Times. Tal y como señala Stewart, «Tanto el Partido Republicano como el Partido Demócrata lo tomaron como el barómetro del nuevo orden mundial. Por eso invirtieron tantos millones en una elección puntual para el Congreso. Y acabó pasando a la historia sin ser barómetro de nada. Fue básicamente como ir a un club de alterne y dilapidar dinero sin ningún tipo de cortapisa».

Un acontecimiento posterior iluminó otro creciente fenómeno en la política contemporánea. Un amigo que se había presentado como candidato al Congreso en Virginia del Oeste le pidió ocuparse de su presentación en un evento benéfico. Pero el evento ni siquiera se celebraba en ese estado, sino en West Village, Manhattan. «Ahí estaban un puñado de neoyorquinos y un tipo candidato a congresista en un distrito del que los presentes no sabían nada, en el que no habían estado nunca y que ni siquiera les importaba», rememora Stewart. «Pero todos cumplieron diligentemente como personajes activos políticamente recaudando dinero para mi amigo. Y de pronto me pareció una auténtica locura que accediera a perder su tiempo y su energía en conseguir ese dinero».

El pernicioso rol del dinero en política es un tema recurrente para Stewart en «The Daily Show», programa en el que aprovecha cualquier oportunidad para sacarlo a colación con los políticos invitados. Un episodio con Nancy Pelosi, en aquel momento portavoz de la Cámara, se le quedó grabado. «Siempre he hablado de cómo el dinero influye en la política y corrompe la toma de decisiones. A menudo, los propios políticos lo admiten», recuerda. «Aquella vez, Pelosi estaba en el programa y estaba hablando de eso, de que el dinero era la raíz de todos los males. Y le dije: “Pero usted ha recaudado 35 o 40 millones de dólares en el último trimestre”. Y me soltó: “Bueno, no podemos desarmar el sistema”. Y le respondí: “Lo sé, pero si el dinero corrompe, ¿en qué medida la corrompe a usted o los Demócratas”. “No nos corrompe”, dijo. “O sea, que el dinero corrompe, pero no a ustedes”. “Correcto”. “Ajá, pues se hace raro que tengan esa clase de inmunidad. No lo digo por desafiarla. Es curiosidad sincera, ¿cómo hacen para mantener el peligro a raya?”. Pero no hubo ningún tipo de reconocimiento de que aquello pudiera suponerles un problema. Solo es un problema para tu adversario político». Esa disonancia determinaría la creación de Stewart de su protagonista, un consultor demócrata que persuade a un ciudadano de a pie de que se presente a alcalde en una población recalcitrantemente republicana.

Referencias cinematográficas de Un plan irresistible

Para estructurar e introducir la narrativa, Stewart se documentó viendo películas sobre políticos noveles, como la obra de Frank Capra ‘Caballero sin espada‘ (1939) y el filme de Michael Ritchie ‘El candidato‘ (1972). Y, así, decidió que ‘Un plan irresistible’ arrancase con el futuro candidato, Jack Hastings, en una escena que hace un guiño al discurso estrella del clásico de Capra. En aquella famosa escena, el personaje protagonista de James Stewart apela apasionadamente a los valores americanos de la libertad y la justicia hasta casi desplomarse en el mismísimo Senado. Stewart nos cuenta: «Quería que el diseño de la película girase de forma plausible en torno al tema de alguien de a pie que le toma el pulso al sistema. Pensé, “Bueno, ¿y si empiezo esta película igual que termina aquella, con un personaje dando un discurso al más puro estilo Capra? ¿Qué ocurre a partir de ese punto y qué fuerzas podría poner en movimiento?”».

James Stewart en Caballero sin espada
James Stewart en «Caballero sin espada» (1939), dirigida por Frank Capra.

Y lo que ocurre es que una grabación de móvil de la arenga acaba haciéndose viral. El ayudante de un veterano estratega del Partido Demócrata, Gary Zimmer, le muestra el vídeo y a este se le ilumina la cara contemplando cómo Hastings interrumpe una intervención pública en Deerlaken, Wisconsin, para alzar la voz contra una restrictiva ley dirigida a los residentes indocumentados locales. Los pormenores de la vida personal de Hastings, un coronel de la Marina retirado, granjero y viudo, lo convierten precisamente en la clase de candidato que el Partido Demócrata ansía encontrar para recuperar cierto terreno en la América profunda.

Y, así, Gary parte rumbo al estado de Wisconsin, tradicionalmente igualado en cuanto a tendencias políticas, dispuesto a dirigir una campaña demócrata en un bastión republicano. Consigue convencer a un Jack Hastings apolítico y reticente a presentarse contra el popular alcalde republicano de Deerlaken, Mayor Braun, pero solo a condición de que sea Gary quien se ocupe personalmente de la campaña.

El plan de Gary es hacer todo el ruido posible sin demora con el objetivo de encender las alarmas en la organización nacional del Partido Republicano y atraerlo a la carrera. Y consigue con creces su objetivo cuando le mandan a su archienemiga, Faith Brewster, para dirigir la campaña de Braun.

Steve Carell en Un plan irresistible
Steve Carell en una escena de «Un plan irresistible».

Así, la pugna por la alcaldía en un lugar desconocido adquiere los tintes de carrera de nivel nacional: equipos de ayudantes de campaña, consultores de primera línea y tecnología sofisticada, recaudaciones de fondos privados, eventos públicos, respaldos de renombre, grupos de sondeo microdirigidos, comités de acción política y cobertura en los medios. Todo ello posibilitado por (y, a su vez, generando) montones y montones de dinero.

Un retrato cómicamente exagerado de unas elecciones

La película invita a percatarse de cuántos comicios en la actualidad acaban siendo algo diametralmente opuesto a un ejercicio cívico y transparente. Stewart nos explica: «Quería tratar el tema de la cultura de la campaña permanente y de la economía basada en las elecciones que ha surgido alrededor de esta dinámica. Refleja en cierta medida lo que hemos perdido en el cinturón industrial de Estados Unidos, donde solía haber una fabulosa base económica que manaba de industrias como las granjas familiares. Había pequeñas granjas con 50 empleados, había un tipo que se ocupaba de la alimentación del ganado, otro del suministro de tractores y todos esos negocios complementarios que surgían alrededor del principal negocio.

Esa economía se ha transferido a las elecciones, solo que con ganancias exponencialmente mayores. Así, tenemos elecciones, pero en torno a ellas hay otros negocios subsidiarios: consultores, sondeos, analíticas, redes sociales y cobertura las 24 horas en medios de comunicación, todo ello conectado y sacando provecho de la celebración de comicios. Unas elecciones ya no son un mecanismo para dar con las personas más cualificadas, sino que es la base de una economía mucho más amplia que ha surgido a su alrededor».

Aunque ‘Un plan irresistible’ está rodada con exageraciones absurdas de la campaña y la cultura mediática, la historia está totalmente vinculada al mundo real de la vida y la política estadounidenses. Al escribir el guion, Stewart buscó aportaciones de diferentes conocidos de la esfera política. «Quería estar seguro de que la película pasara la prueba de credibilidad; ese era el punto de partida», afirma. «Quise asegurarme de que fuera realista respecto a las motivaciones de los consultores que participan, las maquinaciones que tienen lugar, los tipos de compromisos financieros y otras cosas que ocurren. Y nadie me dijo nada tipo: “Eso es una locura. Nunca ocurriría nada parecido”. Como mucho, se entristecían al leerlo y decían: “Sí, la verdad es que esto podría ocurrir, podría ser”.

Fuente: Universal Pictures
Artículo anterior Voces, terror español sin complejos
Próximo artículo El Museo del Cine de la Academia de Hollywood a punto de abrir

Sin comentarios

Déjanos tu opinión...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *