Crítica: Tenet


Tenet, dirigido por Christopher Nolan

A lo largo de dos décadas, Christopher Nolan ha jugado con el tiempo en sus películas. Narrativa fragmentada en ‘Following’ y ‘El Truco Final’, rompecabezas en ‘Memento’, tres líneas temporales en ‘Dunkerque’, niveles de sueño que ralentizan el tiempo en ‘Origen’, y agujeros de gusano en ‘Interstellar’. El tiempo es un personaje más en sus películas, y ‘Tenet‘ es la nueva vuelta de tuerca del cineasta británico, que se ha convertido en uno de los directores más populares del planeta, provocando una corriente minoritaria de detractores que le critican por su sobreexposición o pedantería narrativa. Creo que ‘Tenet’ no va a reconciliar a estos dos grupos, sino a alejarlos más aún.

Filias y fobias

Es difícil hablar sobre este filme sin revelar aspectos de la trama, ya que hay numerosas partes móviles en la película, pero el núcleo temático de la misma queda reducido a una idea, y dicha idea va a mover la trama hacia adelante y hacia atrás. Por contextualizar de alguna manera sin contaros nada importante, el concepto del tiempo en ‘Tenet’ es flexible. La película introduce la idea de un tiempo maleable, pero dicho concepto resulta difícil de asimilar ya que nuestro cerebro humano funciona a través de la experiencia. Vivimos situaciones que nos permiten aprender, así que nuestra línea de pensamiento y aprendizaje siempre apunta hacia adelante. Pero cuando ese concepto es reinterpretado como Nolan lo hace en esta cinta, nos cuesta familiarizarnos con la nueva realidad porque debemos aprender a pensar de forma distinta, y quizás ese esfuerzo puede generar confusión.

Afortunadamente, de vez en cuando Nolan nos regala un diálogo expositivo en el que un personaje explica ciertas reglas a otro, y por consiguiente al propio espectador, guiándonos hacia respuestas que plantean nuevas preguntas. Es realmente complicado absorber todos los elementos que componen la película, así que Nolan confía en que nos dejemos llevar y nos sintamos satisfechos con entender la idea global. Un personaje dice literalmente en un momento dado del filme: «No intentes entenderlo, siéntelo.», y creo firmemente que el cineasta nos está hablando a nosotros, espectadores perdidos en una nube de nuevos planteamientos que no logramos conectar entre sí, al menos no del todo (en mi caso personal).

Y en este sentido debo decir que dicha exposición me resulta esencial para entender a nivel general qué está ocurriendo en la película. En ‘Origen’ hay momentos muy claros en los que Nolan parece estar dirigiéndose a la audiencia porque siente que no vamos a entender ciertos aspectos de la trama o reglas que ha establecido anteriormente. Y cuando se siente redundante o condescendiente, puede crearse una sensación de rechazo, pero os garantizo que en ‘Tenet’ sólo se explica lo justo y necesario, e incluso en los momentos de mucha exposición, nunca terminas de entenderlo del todo porque en la película siempre están ocurriendo cosas. Mi sensación es que Christopher Nolan ha refinado su estilo, ha encontrado su verdadera personalidad en estas últimas películas y, aunque sigue respetando al espectador, ya no lo lleva cogido de la mano de la misma forma que los hacía antes, ahora quiere que andemos solos y le sigamos el ritmo. Y a mí personalmente, eso me gusta.

John David Washington en Tenet, dirigida por Christopher Nolan
John David Washington en una escena de «Tenet», dirigida por Christopher Nolan. Fuente: Warner Bros

Entender el todo

Pienso que ‘Tenet’ es la película de Chris Nolan que más se va a beneficiar de posteriores revisionados de toda su filmografía. La primera mitad del filme me gustó sin entusiasmarme porque Nolan presenta muchos elementos que luego serán explorados, pero no de la forma que nosotros pensamos. Creo que peca de exceso de información por acumulación, ya que al presentar un nuevo personaje, objeto o concepto en cada escena, nos resulta complejo enlazar el sentido global de todas esas partes móviles, y por eso creo que la primera sección del filme es la más fría. Además, esta frialdad está acentuada por el protagonista de la historia. John David Washington es un buen actor, pero tanto en ‘Infiltrados en el Klan’ como en ‘Tenet’, he sentido una ausencia total de emoción hacia sus personajes. Tiene un lenguaje corporal tan recogido, y una rectitud en su postura, que cuesta conectar con él a nivel emocional. En el caso de ‘Tenet’, su personaje tiene cierto halo de misterio, pero al mismo tiempo no tenemos contexto al que agarrarnos para sentir que le conocemos lo suficiente para apostar por su «victoria» al final de la historia.

Este problema ya lo hemos visto en otros filmes de Nolan en los que los personajes no son el motor de la historia, sino herramientas para enfatizar o avanzar la TRAMA, que en este filme se erige como dueña y señora. Los mejores momentos de la filmografía de Nolan, aparte de algunas filigranas como la pelea del pasillo en ‘Origen’, son secuencias íntimas en los que los personajes brillan por encima de la historia. La escena del interrogatorio en ‘El Caballero Oscuro‘ y el visionado de los vídeos en ‘Interstellar’ son solo dos ejemplos en los que el director consigue que los personajes sean los reyes de la función, ya sea por su dinámica o por su corazón. En ‘Tenet‘, salvo el personaje de Elizabeth Debicki y, de forma indirecta, el personaje de Kenneth Branagh, existe un desapego total por los personajes, y eso crea un problema hacia el final, porque si no se ha construido un cierto nivel de empatía entre la audiencia y los protagonistas, la urgencia dramática brilla por su ausencia.

Afortunadamente, algunos actores saben exprimir mejor que otros sus encorsetados roles en la película. Y honestamente, debo reconocer que en varios momentos del filme deseé que Robert Pattinson fuera el protagonista de la historia. Pattinson está intentando cosas muy chulas en sus escenas. Elegancia, cierta ironía y actitud socarrona, misterio, compañerismo…se mueve a muchos niveles y, a pesar de que no tiene mucho con lo que jugar, el tío tiene carisma y te cae bien, y agradeces cada vez que le da la réplica a Washington. Quizás Nolan ha conquistado la parte más cerebral de sus historias, pero sigue tropezando en la búsqueda del corazón de sus personajes.

No quiero extenderme demasiado, pero quiero terminar esta reseña destacando la estupenda banda sonora de Ludwig Göransson, que por momentos parece una mezcla entre Hans Zimmer y Lorne Balfe, con una composición electrónica que utiliza elementos que encajan con el uso especial del tiempo que tiene la película, y que en muchas secuencias del filme hacen temblar las butacas de la sala. Hoyte Van Hoytema nunca falla en el uso de la fotografía, y parece que la simbiosis entre éste y el propio Nolan ya es completa. Pero ante todo quiero resaltar el fantástico trabajo de Jennifer Lame en el montaje del filme. Sustituir a Lee Smith era una empresa gigantesca, pero aprueba con sobresaliente ya que un filme de estas características se puede convertir en un dolor de cabeza monumental en posproducción. El espectador debe sentirse ubicado en todo momento y entender lo que vio antes porque ciertos eventos van a volver pero desde otro prisma distinto, y nos debe quedar claro qué ocurrió para asimilar qué está ocurriendo.

‘Tenet’ no es una de las mejores películas de Christopher Nolan, pero sí es su película más ambiciosa a nivel temático, su cima a nivel conceptual, y aunque la película resbale en lugares comunes del cineasta, merece el precio de su entrada solo por deleitarnos con el portentoso tercer acto del filme. Nolan aún sabe desencajarnos la mandíbula, y sorprendernos con cosas que nunca habíamos visto, y por eso he asistido al cine por primera vez desde el mes de marzo. Porque este señor me asegura que voy a vivir una experiencia original, refrescante. Y si él salta, yo salto.

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