Crítica: Los europeos


Los europeos, dirigida por Víctor García León

El retrato que brinda ‘Los europeos‘ de los españoles ansiando esa libertad, escueta pero suficiente, tras la posguerra en España es un claro ejemplo de la mentalidad y los valores imperantes de la sociedad de la época. Víctor García León adapta la novela de Azcona, escrita en 1960 y prohibida en España por romper con los importantísimos valores de la época del matrimonio y de la familia.

La España de los años 50

La película cuenta la historia de dos amigos que llegan a Ibiza para pasar sus vacaciones en plena época de los 50. Antonio arrastra a Miguel para vivir esos días sin vergüenza, disfrutando de las playas y de la fiesta y, sobre todo, de las turistas europeas. Sin embargo, hay una que llama especialmente la atención de Miguel: Odette, una joven francesa divertida y rebelde. Mientras que Antonio explota la libertad sexual que buscaba en cuanto puso un pie en la isla, Miguel prefiere concentrarse en conquistar a Odette a pesar de continuar con su aventura sexual a parte. Él quiere estar con la chica francesa y finalmente consigue que se enamore de él, pero todo se tuerce cuando se queda embarazada. Al no estar casados, tenerlo les ocasionaría muchos problemas, o esa es la conclusión a la que llegan, y marchan a Barcelona en busca de alguien que ayude a Odette a abortar.

‘Los europeos’ recuerda a las películas españolas antiguas, las de costumbrismo y situaciones absurdas, historias de amor directas sin rodeos, personajes típicos que no evolucionan. Puede que sea una película con tono de época, una mirada a los valores tradicionales de los españoles de aquellos tiempos que, se suponía, se abrían a una nueva época dorada de turismo, bikinis y fiesta pero quedaban atrapados en ese pensamiento anticuado que tanto costaría superar. La película muestra el tema del aborto de una manera vacua. Sí, la crítica está en la indiferencia o la simplicidad con la que Miguel trata el aborto de Odette. Se puede ver claramente cómo, durante media película, Miguel no se da cuenta de la mirada perdida de Odette, de sus silencios ni de cómo cede a su voluntad por el amor que le tiene. Tampoco ningún hombre de la película tiene en cuenta a la mujer sino que ésta es tratada como objeto de deseo, sexual y amoroso incesantemente.

Los europeos, dirigida por Víctor García León
Escena de «Los europeos», dirigida por Víctor García León. Fuente: Filmax

Todo se limita a sentimientos

El desarrollo del tema a lo largo de la película deja mucho que desear. Frente a un tema tan interesante al que darle voz, una situación escondida durante años en España y aún objeto de debate (muchas veces entre hombres que pretenden decidir sobre ello), Víctor García León no acaba de arrancar. La primera parte se conforma por una serie de escenas que pretenden crear una historia (¿qué historia será que tarda tanto en quedar clara?) y un cuadro de la época (¿qué cuadro, el de españoles que entran a todas las mujeres extranjeras que encuentran?). El hilo conductor se supone que es Miguel pero no acaba de cuajar, se pasa toda la primera parte de la película yendo de un lado a otro, a remolque de su amigo o a la sombra de él, intentando algo con Odette y forjando así la pareja de la película, aunque en ningún momento se despierta el deseo que estén juntos.

La segunda parte es mejor, coincidiendo con el momento en el que Odette cobra más protagonismo. Aunque la trama es fría, la actuación de Stéphane Caillard da veracidad a ese tratamiento del embarazo y del aborto tan distante. Una oportunidad de oro, con esa ambientación, esos actores y esa novela, que se pierde en el aire y resuena a caer en el olvido. Una verdadera pena pues hay destellos de buena historia pero, en el momento en el que la película pasa sin pena ni gloria por un tema tan delicado, pone el acento en el hombre y dedica cuatro planos al sufrimiento de la mujer, ya está condenada.

Aún así, el mensaje queda claro así como la crítica, pero el tono de la película no lleva a que ese mensaje cale. Tras el final de la película, tan cortante y frío, solo queda una sensación de indiferencia, como si no hubiera pasado nada durante sus 89 minutos. ‘Los europeos’ tiene grandes actuaciones a pesar de que sus personajes son arquetípicos y, en ocasiones, odiosos, y una fotografía muy en consonancia con el retrato de ese Ibiza de los años 50. Pero termina la película y piensas: “algo está mal”. Quizás soy yo, que no he acabado de entrar en la película, o los personajes, que parece que todos y cada uno de ellos hayan hecho las cosas mal. Quizás eso era lo que el director quería conseguir, esa percepción de que hay algo mal que no funciona.

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