Marco Berger: «Me gusta explorar un mundo que es el mío»

Entrevista al director de El cazador

Entrevista a Marco Berger

El cineasta argentino Marco Berger ha sido el homenajeado de la vigésimo quinta edición de la Mostra Fire de cine Gay y Lésbico de Barcelona, celebrado en esta ocasión de modo online en colaboración con la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin. Sus obras ‘Taekwondo’, ‘Un rubio’, ‘Ausente’ han formado parte de su retrospectiva, y además, su último y ambicioso trabajo ‘El cazador’ compite en la sección oficial.

A pesar de haberse movido a lo largo de su carrera entre diversos géneros (de la comedia romántica al thriller, a veces incluso dentro de una misma obra), este polifacético cineasta con experiencia no solo como director y guionista, sino como montador y productor, ha centrado la práctica totalidad de su obra tras la cámara en la exploración del deseo masculino.

Sin miedo al encasillamiento en un cine LGTBI del que en cualquier caso se ha convertido en referente, Marco Berger se interesa por el mundo que conoce, con afán no solo de contribuir a visibilizar el colectivo, sino también de romper tabúes, criticar el heteronormativismo aún imperante en la sociedad argentina, y de paso cuestionar los estereotipos que se asocian a las relaciones entre hombres.

En una entrevista concedida a Macguffin007, el director y guionista argentino Marco Berger ha compartido con nosotros una interesante reflexión sobre su última película.

Tu afán de explorar los mecanismos del deseo entre hombres, da un salto de complejidad en ‘El cazador’ al tratar el tema como puerta de entrada a un universo peligroso y oscuro como el de la extorsión de menores y la pornografía. ¿Trabajaste con un enfoque distinto al habitual por el hecho de centrar la historia en el mundo adolescente y en la explotación del sexo con motivos de dudosa moralidad?

Me interesaba el tema como punto de partida en cierto modo picante. Abordar el tema del ‘voyeurismo’ me permitía sacar provecho de algo que al fin y al cabo tiene que ver con el deseo, uno de los temas que más me interesa. La sociedad niega un montón de cosas, muchas de ellas relacionadas con la sexualidad y la diversidad. Yo no tengo prejuicios a la hora de entender que a un hombre pueda atraerle un menor, lo que sí tengo claro es que ha de existir un límite a este tipo de deseo. Y el límite es claramente la concreción, ahí está la desviación. Cuando el ‘voyeurismo’ se convierte en una mercancía no se ha de esconder la responsabilidad de los adultos. Mi intención en cualquier caso no era en absoluto la de provocar, y por tanto tenía claro que no quería exponer los cuerpos ni la desnudez para de ese modo caer en la trampa de criticar siendo parte de lo que criticaba.

«En la clase media y conservadora a la que pertenece el protagonista se da por hecho la heterosexualidad de los hijos». Marco Berger

Te gusta encerrar a los personajes en espacios reducidos, a veces burbujas que representan microcosmos. En anteriores películas creabas espacios puramente masculinos, en esta ocasión es la familia de los adolescentes protagonistas la que parece casi siempre ausente. ¿Formaba parte de una introspección en la mirada de los jóvenes sobre el conflicto al que se enfrentan, o hay un premeditado componente de denuncia hacia la incomunicación familiar?

La ausencia de la familia es más bien circunstancial, se van de viaje y dejan al protagonista solo. No había una intención moralista, aunque sí hay un cierto apunte social. La clase social a la que pertenece el protagonista, una clase media y mayoritaria, es un ámbito en el que se aprecia un obvio conservadurismo. No se habla de ciertas cosas y por ejemplo se da por hecho la heterosexualidad de los hijos. Eso coloca al protagonista en una situación de desamparo, con la sensación de quedarse solo, con una familia que lo pueda dejar de lado, o unos compañeros que le puedan hacer bullying. Y es en esa situación de soledad en la que se ve en la tesitura, como un héroe clásico, de tomar una decisión crucial entre el bien y el mal.

También observamos una estructura llamativa en el filme, un juego de simetrías e intercambio de roles, pues el protagonista pasa mediado el metraje a ser víctima a potencial verdugo. Ese juego de espejos lo acompañas con cierta simbología visual muy perceptible. ¿Hasta que punto te gusta introducir el simbolismo como recurso que enfatice el mensaje de tu historia?

De las distintas facetas en las que trabajo, quizá en la que soy más clásico es en el guion. Parto de la estructura canónica del viaje del héroe. Me gusta desde ese clasicismo jugar con la psique del espectador y sus expectativas, un poco a la manera de Hitchcock. Desde ese punto de partida si que juego más como director, pero de un modo intuitivo y que va surgiendo a menudo en set, no desde la planificación en la escritura. En efecto, esa idea del intercambio de roles del protagonista estaba en mi cabeza, de ahí el título, el personaje pasa de ser presa a cazador, de ahí que la película esté dividida en dos segmentos o mitades muy diferenciadas. También quise introducir referencias al mundo animal en la dirección de arte, en el sonido, en el paisaje… Incluso los barrios elegidos para rodar que tienen una mayor presencia de arboledas que lo habitual en Argentina. Me gustó jugar con lo selvático en lo visual e incluso el aspecto de los actores, sus rasgos y sus miradas pueden remitir a facciones animales.

El cazador, dirigido por Marco Berger
Juan Pablo Cestaro y Lautaro Rodríguez en una escena de «El cazador», dirigida por Marco Berger.

Se intuye un trabajo minucioso en la dirección de actores, pues tus personajes expresan más a través de miradas y silencios que por medio de tus diálogos en los que a veces no comparten lo que realmente sienten.

Del mismo modo que a la hora de rodar no diseño el plano en guion sino que lo decido en set, suelo dar mucha libertad a los actores. Trabajamos de manera muy dinámica y espontánea. Muy rara vez hago ensayos previos con los actores. Citando a Woody Allen, me gusta elegir a actores que reúnan dos características principales: experiencia e inteligencia, esto me permite darles carta abierta y aunque quiero siempre algo muy concreto y en ese sentido no soy demasiado flexible, sí que les permito llegar a ese punto con libertad, dejándoles solos y aportando correcciones muy puntuales. En esta ocasión, sin embargo, al ser ‘El cazador’ una película en la que la psicología de los personajes es compleja sí que empecé a trabajar con algunos actores una o dos semanas antes, pero solo aspectos muy concretos.

«Me gustaría que mi cine no solo llegue a un público homosexual». Marco Berger

Tu carrera está en su práctica totalidad centrada en historias protagonizadas por personajes homosexuales. ¿Es una opción consciente, necesitas explorar más ese ámbito o realmente es algo circunstancial?

Del mismo modo que abordo los géneros con mucha libertad, a veces he tenido la tentación de escribir algo ajeno a lo LGTBI. Sin embargo, soy consciente de ocupar un lugar importante en el cine queer, y esta opción por seguir contando este tipo de historias tiene también un componente político, es una decisión consciente y meditada. Las etiquetas las ponen los demás, pero no yo mismo. No quiero ser Madonna, ni Michael Jackson. No necesito trascender. Yo escribo estas historias con conciencia, me divierto, me gusta un montón explorar un mundo que es el mío, el que conozco. Con sus particulares inquietudes, pasiones y miedos.

En España tus películas se han visto primordialmente online o en el ámbito de festivales LGTBI. ¿Desde el punto de vista del creador qué opinión te merecen, en estos tiempos críticos para el debate alrededor de la distribución fílmica, los formatos digitales?

La distribución online permite sin duda llegar a más público y expandir fronteras. No obstante, he de decir que al menos en lo que se refiere a mi experiencia, la exhibición en plataformas digitales no nos aporta unos ingresos significativos. Al final es casi simbólico lo que supone como aportación económica, pero al menos es un modo alternativo a la piratería para llegar a una audiencia más amplia. También me gustaría que mi cine no solo llegue a un público homosexual. Me gustaría que mis películas puedan ser vistas por el público heterosexual de la misma manera que yo puedo ver ‘Pretty Woman’, con la misma naturalidad y sin prejuicios.

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