Crítica: Lúa vermella


Lua Vermella dirigida por Lois Patiño

Escuchaba hace meses en un podcast que no hay cosa más inquietante y perturbadora que el cuerpo humano en movimiento. A ello añadiría el poder hipnótico de las fuerzas de la naturaleza. El apunte no es baladí: ‘Lúa vermella’ transita entre estos dos ámbitos, entre el retrato de unas fisionomías inmóviles y el intento por aprehender una realidad que nos concierne y a la vez escapa a nuestro entendimiento.

En ‘Costa da morte’ (2014), Lois Patiño dibujaba una radiografía del litoral gallego a través de su tomavistas, donde las formas del relieve y de la costa adquirían un protagonismo que a duras penas era arrebatado por las narraciones y diálogos que, en la pista de sonido, chocaban contra el magma sonoro natural.

Lua vermella dirigida por Lois Patiño
Secuencia de ‘Lúa vermella’ de Lois Patiño. Fuente: Elamedia Estudios.

En la película que aquí nos ocupa la situación varía; la voz humana tiene su referente en pantalla, aunque este no mueva los labios y esté más próximo a una escultura que a una persona propiamente dicha, como si Patiño pusiera a dialogar su cine con el de su vecino y cineasta contemporáneo, Pedro Costa. Una analogía que ya era visible en otros títulos del novo cinema galego como ‘Arraianos’ (2012) o ‘Longa noite’ (2019) de Eloy Enciso. Empero, hay voces que se pierden en los lugares, que transitan como fantasmas en la vastedad de los planos, cuyo intento de reconocimiento será siempre frustrado. El manto blanco no solo cubre al cuerpo físico, sino también al sonoro.

Pero, quizá, para disfrutar plenamente de una experiencia como la que aquí se nos propone sea necesario despojarse del mayor lazo narrativo posible y entregarse al puro placer contemplativo. Lazo narrativo del cual, aun otorgándole un estatuto secundario, Lois Patiño se niega a prescindir porque, a fin de cuentas, ‘Lúa vermella’ es un largometraje que intenta buscar ciertas respuestas, divisar y apuntalar ciertos temas que permean el imaginario gallego. Es por lo cual que considero que lo más sugerente del filme se encuentra próximo al terreno del cine experimental o del videoarte, en ese contacto puro con las fuerzas de la naturaleza que devuelven sensaciones sin parangón a la mirada hipnótica.

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