Wolfwalkers, un cuento sobre la magia de la naturaleza

Animación irlandesa que competirá con Pixar por el Oscar

Wolfwalkers, dirigida por Tomm Moore y Ross Stewart

La animación revelación del 2020, nominada al Globo de Oro y esperando su segura nominación al Oscar, viene de la mano de Tomm Moore y Ross Stewart. Siguiendo la estela de leyenda fantástica de su ya oscarizada ‘El libro secreto de Kells’,Wolfwalkers‘ relata una vez más una moraleja más lejana a lo infantil de lo que puede parecer. Nos hallamos ante una película que, en ocasiones, recuerda a la maravillosa ‘La princesa Mononoke’ y, en otras, crea una animación única y curiosa que no dejará indiferente a ningún espectador, tenga la edad que tenga.

Siglo XVII. En una época a caballo del cristianismo y el paganismo, del humanismo y la veneración a la naturaleza, Robyn, la hija de un cazador, se muda junto a su padre a Irlanda. En concreto, a un pueblo que se dedica a dar caza a los lobos que viven en los bosques de alrededor. Su gente, amenazada por estos animales, que asustan a su ganado, siguen con fe ciega al Protector, que promete incendiar el bosque y acabar con la manada salvaje. Robyn, ansiando cazar lobos, desobedece a su padre y lo sigue en su misión de caza más allá del muro del pueblo, adentrándose en el bosque. Pero todo sale mal cuando los lobos aparecen y ella, asustada, huye. De cerca, esos animales han resultado más terroríficos de lo que pensaba.

De vuelta a casa, escucha por primera vez la leyenda de los Wolfwalkers, humanos capaces de transformarse en lobos. Sin creer en ello, no duda en desobedecer de nuevo a su padre y volver al bosque, esta vez encontrándose un escenario totalmente diferente. Mebh, una cachorra de lobo juguetona, la ha estado siguiendo a través de la frondosa naturaleza, trepando por los árboles, saltando por los aires y burlando las trampas del cazador. Cuando se encuentran cara a cara, Robyn descubre que la pequeña loba Mebh es, en realidad, una humana. Es más que eso, es una Wolfwalker. Dormida en los brazos de su madre, escondida en un remoto rincón mágico del bosque, deja su cuerpo humano atrás para convertirse en una loba. A Robyn no le cuesta demasiado esfuerzo contagiarse de la alegría y la diversión de Mebh y, cuando vuelve al pueblo, su visión respecto a los lobos ha cambiado completamente.

Pero no cambia solo su visión acerca de lo que los prejuicios y el desconocimiento le impedían ver. También su misma naturaleza lo hace. Y es que Mebh, en un acto de bondad para curarle una herida, termina transformándola en una Wolfwalker. Y no solo eso: la amistad que las une lleva a Mebh a contarle la historia de su madre. Ahí, en su refugio, el cuerpo humano de la mujer duerme desde hace demasiado tiempo pues su desdoblamiento animal, la loba, está atrapada en algún sitio y no puede volver. Mebh quiere encontrarla, salvarla y recuperar a su madre. Robyn está dispuesta a hacer lo que sea por ayudar a su amiga. Y es aquí donde todo se complica, donde lo oscuro de la película sale a flote. Una lucha entre humanos y lobos tiene que suceder tarde o temprano puesto que el Protector está decidido a quemarlo todo y acabar con la naturaleza y sus habitantes. Sin embargo, esta vez, Mebh, su madre y la manada no estarán solas.

Wolfwalkers, dirigida por Tomm Moore y Ross Stewart
Escena de «Wolfwalkers», película de animación dirigida por Tomm Moore y Ross Stewart.

Una oda a la naturaleza

Wolfwalkers’ hace lo que otras películas ya han realizado con éxito, consiguiendo, a su vez, crear su propia historia, su propio tono y su propia fórmula para cuestionarse la relación entre la humanidad y la naturaleza. Intenta poner sobre la mesa de manera colorida, metafórica y mágica cuestiones que pueden despertar la mente de las niñas y niños que lo miren. ¿Por qué ese hombre malo de la película continúa echándole la culpa a los lobos si es él quien quiere quemar el bosque? ¿Por qué caza a los animales si es él el que ha ocupado sus bosques? ¿No es capaz de ver ese hombre la magia que hay en la naturaleza?

La película resulta más fácil y simple que otras, más directa, sin grandes artificios. Su fórmula es clara: un pueblo gris, sucio y apestoso donde los humanos viven versus un bosque lleno de diversión, música y tranquilidad donde los lobos habitan. Un hombre feo, rodeado de un aura oscura y de fuego, que tiene preso a una loba versus una niña de pelo rojo, enredado por las hojas y las flores, que intenta descubrir el paradero de su madre. Malos muy malos versus buenos con posibilidad de redención. Dos amigas capaces de vivir en su propia piel la peligrosidad de ser un lobo en tierra ocupada por los hombres: es difícil no empatizar, no estar en su equipo. El Protector, un hombre solitario versus Robyn y Mebh, quienes aman a sus padres con una fuerza sobrecogedora. Sin duda, todos los elementos se delinean con efectividad a la hora de dar su mensaje a su público infantil.

Wolfwalkers: Artísticamente única

Si bien la historia está ambientada en la época del Renacimiento, la estética de la animación de ‘Wolfwalkers’ sigue más el estilo del Medievo que el de la Edad Moderna, aunque su estilo, claramente gótico, sí que se enmarca en el siglo en el que está situada la historia de la película. Y eso la convierte en, estéticamente, una joya muy diferente a lo que la animación está acostumbrada a presentar. Todo en ello sigue el patrón gótico de los tonos fríos, la falta de perspectiva y lo geométrico del dibujo. Eso en cuanto a la representación del pueblo, del escenario en el que situamos al hombre. No es casualidad también que este estilo artístico fuera el protagonista de muchas de las obras dedicadas al cristianismo de la época. En esta película, el cristianismo tiene un papel importante.

Por lo que respecta al otro lado de la balanza, el bosque y la magia que en él habita sigue el trazo y las formas del arte gótico, pero las diferencias entre un escenario y otro son muy notables, como por ejemplo con el color. En este caso, la presencia de símbolos paganos, relacionados con mitos de la naturaleza y con la magia, envuelve el lugar. No es hasta que el hombre pisa el bosque, lo ocupa con su oscuridad y lo quema, que las diferencias entre escenarios se disipan: el humano ha invadido la naturaleza y se dispone a destruirla, la contamina con sus sombras y mata todo color y luz que en ella pueda habitar.

Wolfwalkers’ es una animación infantil que sigue, de algun modo, la estela de Ghibli, alzándose con una propuesta indie propia de Tomm Moore muy atractiva. Mezcla lo infantil con un tono adulto, crítico, oscuro y educativo, es una película con un claro mensaje explicado en forma de cuento mágico y de personajes cautivadores. No es para nada casual que se haya alzado como una de las animaciones más interesantes que ha dejado el 2020.

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