Clarice y Hannibal: la aprendiz y su mentor

El Silencio de los Corderos sigue presente, hoy más que nunca, 30 años después de su estreno.

El silencio de los corderos (1991), dirigida por Jonathan Demme

Basada en la novela homónima de Thomas Harris y dirigida por Jonathan Demme, ‘El silencio de los corderos‘ cuenta la historia de Clarice Starling (Jodie Foster) una estudiante y aspirante a detective del FBI quien es seleccionada por Jack Crawford (Scott Glenn), el agente encargado del área de ciencias del comportamiento, para colaborar en la resolución de unos asesinatos. La misión encargada a Starling es interrogar al otrora psiquiatra convertido en homicida: el Dr. Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) con el fin de obtener algún tipo de ayuda para detener a Buffalo Bill, el autor de dichos crímenes.

Apoyado en una estructura de investigación criminal en forma de enigma y con algunos elementos de suspenso y coqueteos con el terror, este policiaco, que obtuvo cinco premios Oscar de la Academia: mejor película, dirección, guion, actriz y actor; además de ser galardonado en Berlín, los BAFTA, entre muchos lugares, está catalogado como uno de los mejores thrillers del siglo pasado y ostenta el número 21 en el top 250 de la famosa Internet Movie Data Base.

El silencio de los corderos ganó 5 Oscars en la ceremonia de 1992
Anthony Hopkins, Jodie Foster y Jonathan Demme la noche que triunfaron en los Oscars.

Por una parte, Clarice, quien estudia para convertirse en una agente del FBI, tiene un trauma infantil que proviene luego de la muerte de su padre -y de alguna u otra forma intenta emular sus pasos- y del cual hacen parte unos corderos a quienes no puede salvar -tal cual como a su progenitor-. Ella hace parte de un mundo machista y está rodeada de una masculinidad constante que se refleja no solo en su jefe, en sus compañeros de academia -como en la escena del ascensor cuando lo comparte solo con hombres, o cuando la observan por el hecho de ser mujer, querer realizar un trabajo para hombres y ser atractiva-, en el director del hospital psiquiátrico y en el asesino, sino también se evidencia, y con mucha más importancia, en su mentor/psicólogo/ayudante, el temible Dr. Lecter.

Por otro lado, en ‘El silencio de los corderos’ se encuentra uno de los villanos más famosos del cine y de la cultura popular: Dr. Hannibal Lecter, un psiquiatra que se convirtió en un afamado asesino producto de comerse parte del cuerpo de sus víctimas. Inteligente a la hora de manipular a sus pacientes, mártires y cuidadores, con el poder de la palabra va llevando a rememorar las más dolorosas experiencias vividas en el pasado que obligan a aquellos, en algunos casos, a terminar con sus propias vidas.

Anthony Hopkins y Jodie Foster en El silencio de los corderos
Anthony Hopkins y Jodie Foster en «El silencio de los corderos», la película que renovó el género.

En este duelo de personajes y actoral (Foster y Hopkins, en pocos minutos, logran forjar una tensión/relación como pocas), entre el mentor y la aprendiz, Hanibal Lecter es el malvado maestro que, convirtiéndose en psicólogo, ayuda a Clarice a enfrentar sus propios demonios y al mismo tiempo colabora con la investigación del homicida, siendo Lecter uno de su misma clase, un psicópata trastornado que posee un voraz apetito por los seres humanos al punto de que, con bozal, amarrado y encerrado detrás de un gran ventanal, se apropia lentamente de la mente para después apropiarse, por medio de su boca, del cuerpo. Es todo un sagaz caníbal que termina saliéndose con la suya.

Entonces la carne se convierte en un fetiche, en un objeto de deseo para los dos asesinos: para uno que se come la piel de sus víctimas, saboreándolas como un manjar y para el otro que la quita, que la despelleja como una forma de limpieza, creando así un nuevo cuerpo, una nueva carne. Y la aspirante a detective Sterling entra a ser parte de este menú, como un adicional puesto que es alguien nuevo, sin experiencia y permeable ante los intereses de estos victimarios; ella es carne fresca tanto para ambos y es Lecter, quien, analizándola, la empuja hacia Buffalo Bill, para que este realice lo que aquel no puede.

Clarice y Hannibal en "El silencio de los corderos"
Clarice (Jodie Foster) y Hannibal (Anthony Hopkins) en «El silencio de los corderos».

Pero ella, en su proceso de crecimiento personal y profesional, y siendo muy inteligente, empleando el yo te doy, tu me das, se aprovecha de la relación que establece con su mentor y, debido a las mutuas confesiones, ambos logran salir de la prisión en la que se encontraban. Y mientras Lecter huye y tiene una nueva víctima en el horizonte, Clarice resuelve el caso para el cual fue llamada y además termina solventando su propio trauma interior logrando sanar una herida y así, cuando rescata a la víctima, termina callando a esos corderos que la han estado cazando en las noches.

La película de Demme es también una reivindicación de la mujer en ese contexto masculinizado del agente de policía, un rol particular e históricamente hecho por y para el hombre puesto que es una compañera, aspirante a detective igual que Clarice, quien le ayuda a resolver gran parte del misterio que hace avanzar la historia cuando las dos conversan sobre el caso en cuestión. Ambas aspirantes a detectives son una luz en medio de la oscuridad del entorno sórdido y machista del que forman parte; son otra mirada, una distinta y no tan sesgada y son quienes con sus herramientas hacen que los asesinos caigan y/o contribuyan para su causa.

Con una historia soportada en la trama de ‘El viaje del héroe’ y apoyada en ‘El descenso a los infiernos’, Clarice Sterling, una pequeña oruga o larva -fase infantil del insecto-, emprende un viaje de aprendizaje en el cual encuentra a un mentor, se enfrenta al enemigo y a sus propios miedos para finalmente transformarse y madurar obteniendo así el reconocimiento de sus pares, graduándose como detective y logrando callar a esos corderos convirtiéndose en esa mariposa -fase adulta del insecto- que puede comenzar a volar por sí misma tal cual como lo hizo la que se encontró en la casa de su posible verdugo, momentos antes de convertirse en una heroína.

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