Crítica: Pequeños milagros en Peckham Street


Pequeños milagros en Peckham Street, dirigido por Vesela Kazakova y Mina Mileva

Peckham se convirtió, en los años 60, en uno de los peores barrios residenciales de la Europa occidental, con vandalismo, okupas, robos y abandono urbano como protagonistas. A pesar de las reformas y el proyecto de regeneración que el gobierno ha dedicado a este barrio londinense, continúa siendo sinónimo de marginalidad, con retazos de un esfuerzo por convertirlo en un lugar mejor. Vesela Kazakova y Mina Mileva, las directoras de ‘Pequeños milagros en Peckham Street’, crean a través de su realidad, la historia de Irina, una arquitecta búlgara que lleva años viviendo en Londres con su hermano y su hijo.

Para poder vivir sin las ayudas del Gobierno, Irina tiene varios trabajos y lucha por conseguir proyectos arquitectónicos que la motiven profesionalmente. A pesar de estar más que cualificada, al igual que su hermano, un historiador con un máster en Bulgaria, ninguno de los dos puede ejercer de lo suyo. Irina acaba convirtiendo en una lucha propia el despropósito que el gobierno está haciendo en varios de los edificios del barrio, sea por una mejora innecesaria de sus ventanas -aún cuando hay que solucionar otros temas en los que directamente ni la policía aparece- o porque su derrumbamiento planea sobre sus cabezas.

La aparición de un gato, Dorado o Boo, depende del amo que lo llame, altera la poca tranquilidad que reina en ese edificio. Salvándolo del frío y del hambre, la familia de tres adopta el gato pero la verdadera dueña no tarda en aparecer. Y no lo hace sola. Junto a ella, su familia, una ciertamente caótica, quiere recuperar el gato a toda costa. Les dará igual que el pequeño Jojo llore e Irina intente que su hijo no vea el verdadero panorama que se está sucediendo, o que la dueña del gato tenga a su mascota como única fuente de felicidad tras arrastrar un episodio traumático acaecido en ese barrio. Cada uno lo quiere para sí y él termina escondiéndose del mundo en un pequeño agujero en la pared al que nadie puede acceder.

Ese gato tras el muro (‘Cat in the wall’, título original de esta película) representa a Irina y a todos aquellos vecinos a los que encerrarían en su piso y tapiarían con ellos dentro, quedando fuera aquellos que solo actúan por un motivo egoísta.

Pequeños milagros en Peckham Street, dirigido por Vesela Kazakova y Mina Mileva
La aparición de un gato altera la poca tranquilidad que reina en el edificio de «Pequeños milagros en Peckham Street». Fuente: SurtseyFilms

Un vago sentido político

Entre costumbrismo, un cine que a veces parece simplemente observacional sin un hilo que seguir y política, se desarrolla esta película. Un retrato de una sociedad que, aunque apta y dispuesta, es marginada. No solo por su origen, también por otros motivos, tal y como muestra ‘Pequeños milagros en Peckham Street’. En la familia de Irina, los restos de una mentalidad comunista en una de las capitales del capitalismo -Londres, una ciudad que se proclama cultural e integradora-, provoca que la identifiquen como una residencia de zombis capitalistas que han dejado de lado sus valores multiculturales e integracionistas. Gran escena digna de mención cuando la policía, la cual a menudo es reclamada en el barrio y pocas veces aparece, prohíbe a Irina y a su hermano hablar en búlgaro, acusados de obstrucción a la justicia.

Siempre con este aura de retrato, con vagos diálogos políticos, se suceden interesantes discusiones o exposiciones ideológicas muy candentes en la actualidad. Más allá del tema de la gentrificación, sobre el que la película indaga a través de estas remodelaciones sobre la infraestructura de los edificios o los desahucios, hay uno que debe nombrarse obligatoriamente. El Brexit. Varias visiones de un tema polémico, una discusión pacífica, ideas poco profundas pero que facilitan el entendimiento de aquel que no tiene ni idea de lo que sucede. Miedo a la britanización absoluta, a la exclusión, a perder la internacionalización que los caracterizaba, ganas por retomar un poder de decisión propia que se perdió una vez, posibilidades de una expansión… Ideas que ponen sobre la mesa la disparidad de opiniones que conviven “bajo un mismo techo”, pensamientos y más pensamientos que se unen a una larga lista de conceptos e ideas que se enmarcan dentro de esta película.

Con un aire informal, las cosas se suceden sin darle un tono exagerado y dramático. Cuando Irina deja el trabajo, no se le da más importancia a pesar de la que tiene. Esto puede verse de manera positiva y negativa, como la película en sí. Depende de los ojos con los que la veas, lo que esperas o lo que quieres ver en ella. Teniendo en cuenta que las directoras vienen del género documental, este tono de “mirar y no meterse” se nota muchísimo aunque, de nuevo, aparece la contradicción característica de esta película: ‘Pequeños milagros en Peckham Street’ podría haber sido más crítica.

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