Crítica: Siempre contigo


Siempre contigo, dirigida por Nir Bergman

Desde la selección oficial del fallido Festival de Cannes 2020 llega a las pantallas ‘Siempre contigo’, un drama familiar israelí centrado en la relación de un joven autista con su padre, un artista gráfico retirado para entregarse en cuerpo y alma al cuidado de su hijo, que se enfrentará a la encrucijada de decidir si ha llegado el momento de dejarle volar solo una vez alcanza la edad adulta.

La posibilidad de ser internado en un hogar especializado, en el que pueda convivir bajo tutela junto a otros jóvenes adultos con necesidades especiales, no es aceptada por el joven protagonista que entra en pánico ante la mera idea de separarse de su omnipresente padre y desencadena una improvisada huida paternofilial narrada según los esquemas de una clásica ‘road movie’, aunque los protagonistas se muevan primordialmente en bicicleta o en tren.

El guion de Dana Idisis se agarra a las convenciones de los filmes de carretera, desvelando al espectador detalles sobre el pasado y la psicología del padre a través de sus encuentros con distintos personajes en un particular viaje a ninguna parte. Especialmente revelador resulta el fortuito encuentro con su hermano, que explica las decisiones del protagonista y el giro que da a su vida y a la manera de relacionarse con su entorno desde que se convirtió en padre.

Siempre contigo, dirigida por Nir Bergman
Escena de «Siempre contigo», dirigida por Nir Bergman. Fuente: Avalon

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Siempre contigo’ es que renuncia a esos manidos (y contraproducentes) discursos buenistas que convierten a las personas con necesidades especiales en poco más que una carga. La película no pone el foco en las dificultades de convivir con un joven con autismo sino, por el contrario, en el infinito acto de amor de un padre que disfruta cada minuto con su hijo, y sus propias dificultades emocionales para separarse de aquel al que ha dedicado su vida. La relación de dependencia es claramente bidireccional aquí, y se resuelve de manera tan inesperada como reveladora, en un final que resulta tan sutil como emotivo.

Aunque como en toda ‘road movie’, el propio viaje acaba por ser tan importante como el destino y, durante el mismo, Bergman sabre construir momentos de lograda complicidad paternofilial que nos hacen entender sus emociones y sus miedos. También hay en el camino necesarios alivios cómicos, algunos relacionados con el incontrolado despertar sexual del hijo, y otros que utilizan recursos de la comedia clásica, como el hecho de que los personajes se queden sin dinero durante su viaje, lo que los coloca ante situaciones que son un espejo del propio cine de Charles Chaplin que fascina al joven protagonista y es utilizado durante el filme como un inteligente leit motiv, al igual que la música de Umberto Tozzi.

En definitiva, ‘Siempre contigo’ es una aproximación inteligente a un subgénero que demasiado a menudo cae en la trampa del discurso paternalista y en un dramatismo desaforado, que Nir Bergman sabe eludir a través de una narración equilibrada elevada por el buen hacer de sus actores Shai Avivi y Noam Imber, verdadero alma de un filme conciso y emotivo.

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