Crítica: La casa Gucci


La casa Gucci, dirigida por Ridley Scott

Gucci se asocia con glamour, dinero, riqueza, estilo, moda, y cuando este famoso apellido aparece en una película, lo que se viene a la cabeza es belleza, colores, dinero, desfiles de modas, modelos, piel, intrigas, desavenencias, traiciones, entre muchas otras situaciones. Entonces viene la pregunta, ¿desde dónde abordar todo esto? Seguramente eso mismo también lo pensó Ridley Scott al involucrarse en el proyecto cinematográfico ‘La casa Gucci‘, para lo cual el guion, firmado por Becky Johnston y Roberto Bentivegna, se terminó basando en el libro de Sara Gay Forden.

Ahora bien, como su título lo indica, esta historia es de la Casa Gucci, y como en una vivienda hay muchos espacios, habitaciones y niveles por descubrir y/o llenar, lo que intenta hacer el director británico es precisamente eso, mostrar a cada integrante de la familia, convirtiéndolo en una especie de espejo de su propio espacio, de su propio lugar habitado. Esto hace que por momentos la película tenga una estructura episódica, al dividirla siguiendo a los diferentes personajes de la familia en su burbuja espacial así sea por poco o por mucho tiempo, algo que termina convirtiendo a esta historia en una especie de tragicomedia que se sustenta en el drama, pero que en un comienzo también quiere ser un thriller, intentando instaurarse todo el tiempo en alguno de estos géneros.

Y eso también les pasa a los personajes de la historia. Lady Gaga (Patrizia Reggiani) Aldo Gucci (Al Pacino), Rodolfo Gucci (Jeremy Irons) Jared Leto (Paolo Gucci) y Maurizio Gucci (Adam Driver) tienen su propio capítulo, algunos más desarrollados que otros y varios de estos apoyados por una banda sonora con diferentes clásicos de distintos géneros que los acompañan y los animan. Sin embargo, no todos los personajes -¿y los actores?- se terminan de acondicionar sino hasta la segunda parte de la película, luego de soltarse un poco, de una aparente improvisación y de dominar ese inglés italianizado que no a todos les sale con naturalidad.

Lady Gaga en 'La casa Gucci', dirigida por Ridley Scott
Lady Gaga en una escena de ‘La casa Gucci’, dirigida por Ridley Scott. Fuente: Universal Pictures

Esto conlleva a que las caracterizaciones de Lady Gaga, ignorada para muchos en los premios Oscar; de Jared Leto, intentado una nueva nominación para un nuevo premio; de Adam Driver, frío y, por momentos, psicorrígido; y Al Pacino, con una libertad, a veces, excesiva, sean, en varias ocasiones, muy marcadas y desorbitadas, lo que no les quita que sus personajes tengan bastantes áreas grises, fragilidades y dilemas que los termina llevando a tomar desiciones equivocadas. Tal vez el único cuerdo y centrado es Rodolfo Gucci quien anticipa de cierta manera en lo que se convertirá su apellido más adelante: una glamurosa marca emparentada con la fatalidad.

Por consiguiente, el patriarca está en contra de la llegada de Patrizia Reggiani al núcleo familiar. Ella es una especie de femme fatal que consigue lo que se propone hasta cierto punto como es el conquistar y casarse con Maurizio Gucci, pero como hay situaciones que no se pueden controlar y ella no quiere quedarse sin lo que le corresponde, empieza una perseverante y calculada aproximación al poder, apoyada y guiada por una especie de pitoniza, con el fin de conseguir lo que por derecho le pertenece y sin importar llevarse por delante al resto de la familia, así a su marido no le importe mucho porque él, en un principio, no quiere nada con sus familiares ni mucho menos con el emporio que han creado; no obstante, poco a poco termina cediendo ante las intenciones de su esposa e incluso va más allá, y mostrando su lado más gris ¿oscuro? Se queda con todo, al punto de llevar una vida con cierta desmesura y sin ponerse límites que terminarán por sepultar gran parte del legado que construyeron su padre Rodolfo y su tío Aldo.

Teniendo en cuenta que la historia está basada en hechos reales, que es un apellido familiar, que los personajes están en el imaginario colectivo, se espera que la película esté muy cercana a la realidad, algo que se ausenta en gran parte del relato producto de los puntos de vista escogidos. Esto genera un cierto enfrentamiento de miradas y sensibilidades entre la grandilocuencia de los personajes, las actuaciones y la forma en como está organizado el ¿drama? ¿thriller? ¿tragicomedia? que los traspasa y hasta los supera, lo que conlleva a situaciones inesperadas, extrañas, imperfectas que finalmente hacen que la película de Scott sea por varios pasajes inquietante, sorprendente y hasta extravagante.

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