El mejor cine europeo sigue proyectándose en el Festival de Sevilla 2022, que encara su ecuador con algunas de las cintas más esperadas de la sección oficial, como es el caso de la belga ‘Close’, que además ha conseguido cinco nominaciones en los premios del cine europeo, incluyendo mejor película. También lo nuevo del italiano Pietro Marcello, una adaptación de ‘El velero rojo’ de Alexander Grin, una fábula repleta de encanto, fascinación, afecto y delicadeza que eleva por sí sola el nivel de las películas que optan este año al Giraldillo de Oro.

A continuación puedes leer las reseñas de lo que estamos viendo en esta 19 edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla que bajará el telón el próximo sábado con la lectura de premios.

Everybody Loves Jeanne (Francia). Dir. Céline Devaux

Como una de esa docena de cintas que son vendidas como “la comedia del año en Francia», pero siendo realmente divertida y proponiendo una frescura reconfortante en sus formas. ‘Everybody Loves Jeanne‘ de la joven todoterreno Céline Devaux, porque no hay otra forma de describir lo suyo (escribe, dirige y dibuja las escenas animadas) es una gozada de obra, atrevida en su uso de la comedia para narrar sobre una mujer en depresión tras un fracaso amoroso, un fallido proyecto laboral y un necesario viaje a Lisboa para salir de la bancarrota con la venta del piso que le dejó en herencia su madre tras suicidarse sin despedirse.

Con una voz interna que acaba por hacer acto de aparición regularmente en pantalla mediante animación 2D, son esos pensamientos intrusivos y siempre autodestructivos los que separan a la obra del resto, acercándola por momentos a aquella representación de la tristeza que hiciera la también animada ‘Inside Out’ de Pixar, pero sobre un tablero más adulto, más cruel, más hiriente, más gamberro y a la vez más compasivo hacia una Blanche Gardin que lidera de principio a fin la propuesta, acompañada por una serie de secundarios que le irán dando la mano pacientemente en su odisea emocional.

Un gustazo poder disfrutar de una nueva voz joven en la comedia francesa con la confianza suficiente como para coger una temática de tal relevancia para la generación millennial como está siendo la salud mental en los últimos años, y doblarla sobre sí misma, alimentando su fuerza entre los silencios y miradas de quién no se atreve a reconocer su situación pero sí se permite dar esos pequeños pasos diarios para salir del abismo.

Close (Bélgica). Dir. Lukas Dhont

Lo de Lukas Dhont hacia sus personajes es algo hasta cruel y seguramente conflictivo para muchos de sus espectadores, como ya ocurría con el desenlace de ‘Girl‘, pero si algo le hace salir exitoso de ‘Close‘ es esa capacidad para encontrar ese refugio tras la tragedia, para permitir que los miedos, silencios y culpas se disipen entre los brazos de quien comprende mejor que nadie tu dolor, tendiéndote la mano para seguir adelante.

Con la amistad (o algo más) entre Léo y Rémi, dos niños recién entrados en la secundaria como foco, Dhont dedica la primera mitad de su película a bañarnos en ese cariño entre ambos, siempre compartiendo planos, sin miedo a lo físico, jugueteando con inocencia y cercanía en un ejercicio de proximidad que los separa del resto de personajes que cruzan por la cámara. El foco son ellos, y todo lo demás baila a su alrededor con la amenaza de ir torpedeando la que parece una de esas amistades inseparables que se remontan a la misma infancia que ambos están a punto de abandonar.

Es en su segunda mitad donde el belga asesta la tragedia, convirtiendo rápidamente la obra en un espacio de soledad, de dolor, de incomprensión y de rabia reprimida para un Léo incapaz de expresarse ni de procesar lo ocurrido, escondiendo su actitud en una falsa sensación de normalidad para tratar de borrar sus sentimientos. Es en ese contraste de espacios, emociones y ausencias donde ‘Close’ se engrandece, dejándose llevar hacia el trabajo de un reparto magnífico en su capacidad para batallar entre silencios.

El debut de Eden Dambrine es de una fuerza y un magnetismo extraordinario, reforzando toda su vida interior en unas miradas que demuestran primero la calidez y después el dolor, apoyándose en la sensibilidad y química con una Émilie Dequenne que se maneja entre las preguntas que no se atreve a hacer, los abrazos que no se atreve a dar, la humanidad para persistir en el apoyo a la única persona que le puede devolver de alguna manera ese recuerdo de lo perdido, y la resistencia para colocar en Léo todo el amor que le queda por ofrecer.

‘Close’ es otra de esas bombas emotivas que juegan sus cartas sobre el terreno de la infancia, resbaladizo y peligroso como ningún otro, pero con la suficiente consciencia para no cruzar ninguna línea roja, entregando al espectador la calidez que merece tras encogerle el corazón por el camino. De una belleza que alivia.

Scarlet (Francia). Dir. Pietro Marcello

Después del trabajo que nos regaló con la mastodóntica ‘Martin Eden‘, lo de Pietro Marcello en ‘Scarlet‘ vuelve a ser una demostración de que muy probablemente haya pocos (o ninguno) que rueden con la belleza, la calidez y el sentimiento que lo hace él. Afortunadamente para todos nosotros, su talento no se conforma con el valor estético, sino que vuelve a regalar una historia de amor de esas que solo su cine parece haber encontrado en los últimos años.

Con la pureza y la estructura de un cuento clásico, Marcello narra la relación entre un padre y su hija a lo largo de los años, desde la infancia de ella hasta ese instante de maduración que le entrega el primer amor, dignificando esos valores que se transmiten entre familias como legado mayor que cualquier riqueza. Con un tacto de artesano, aquí más que nunca rendido a recordar el valor y la magia que poseen las propias manos como raíz de toda creación, ‘Scarlet’ vive flotando entre esa voluntad de rendirse al encanto y ensoñación de los cuentos, y la presencia del discurso político en una diferencia de clases manifestada con la enemistad de un pueblo que rechaza a la familia protagonista, enquistando el día a día de quienes no buscan otra cosa que la humilde felicidad trabajada con esfuerzo.

Rodada en ese mismo 16mm analógico de texturas rugosas, luz de ensueño y colores saturados que ya entregaba su anterior obra, la simpleza narrativa que ofrece esta adaptación de ‘El Velero Rojo’ no hace sino embellecer el poder de sus imágenes y espacios, entre cuerpos que flotan en lagos, aviones que caen del cielo para ofrecer la primera píldora de pasión, cantos que endulzan la experiencia, reflejos de luz que alumbran los caminos del bosque, y manos que dan forma a una madera de la que parece nacer hasta la propia vida.

No hay absolutamente nada como el cine de Pietro Marcello actualmente, y si la marcada o densa presencia de un discurso político en obras anteriores amenazaba con expulsar a alguien de disfrutar esa experiencia, ‘Scarlet’ es justamente la obra perfecta para adentrarse en su filmografía. Una fábula repleta de encanto, fascinación, afecto y delicadeza. ‘Scarlet’ está para entrar a vivir en ella.

The Quiet Girl (Irlanda). Dir. Colm Bairéad

Todos los años termina por aparecer esa obra sencilla y aparentemente pequeña que se vuelve gigantesca en su capacidad para calar hondo y dejar huella en el espectador. ‘The Quiet Girl‘ es esa película del Festival de Sevilla 2022, desde el primer minuto al último.

Siguiendo a Cáit, una niña tímida y reservada que se marcha a pasar el verano junto a sus tíos, una pareja ya madura que vive en el campo, la enviada de Irlanda a los próximos Oscars es un cañonazo silencioso y exquisito de sensibilidad que te arrasa por encima sin que te des cuenta a base de pequeños gestos, de roces y miradas que curan la ausencia de afectos, y de ese cariño que se ofrece sin preguntar y pedir nada a cambio.

Colm Bairéad construye una narración que se apoya de manera incisiva pero calmada en la vida interior de su protagonista, una Catherine Clinch atenta a todo lo que la rodea, paciente y reflexiva en sus acciones y con una aparente barrera emocional construida para protegerse de ese amor que no ha podido recibir en su hogar. La muestra de talento que ofrece en el que es su debut sobre una pantalla es para mirarla y no quitarle los ojos de encima en la próxima década.

Conversando sobre el valor de esas familias encontradas que no entienden de sangre ni parentescos, lo de ‘The Quiet Girl’ es un ejercicio de profundidad y tacto infinitos hacia las carencias y el amor que se entrega tras la pérdida. Una película donde el dolor y la rabia deberían campar a sus anchas, pero en la que se los prefiere ensordecer y alejar del foco en favor de apreciar esa caricia tras la caída, esa galleta sobre la mesa ofrecida por quién no sabe aún como demostrarte su cariño, esa conversación frente al mar para reafirmar el valor de un silencio a la infancia, y esa libertad de correr sin preocupaciones bajo un cielo azul con alguien que te espera al otro lado para abrazarte.

‘The Quiet Girl’ es esa película refugio a la que acudir, pacífica y repleta de sabiduría en cada decisión narrativa, asfixiante y acongojante en la garra emocional contenida, y apabullante en la sutileza de su belleza humilde y rural. Una de las películas del año, y una muestra perfecta de lo que debería ser el trato a la infancia.

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