La última película del multipremiado director alemán Wim Wenders, ‘Perfect Days’, cuenta la historia de Hirayama, un hombre de mediana edad que poco habla y que sigue una estricta rutina la cual consiste en trabajar como limpiador de los baños públicos en Tokio en el turno de la mañana, montar bicicleta, ir a algunos restaurantes y bares, tomar una que otra fotografía y leer.

Esa vida tan ordinaria, y para la gran mayoría de personas aburrida, es para Hirayama sinónimo de tranquilidad y sencillez mientras que para Wim Wenders es un elogio a la belleza de las pequeñas cosas, de la importancia de vivir el presente y un recordatorio de que la felicidad puede hallarse en los objetos más simples o en las experiencias cotidianas.

Es tal el grado de serenidad, casi en estado zen, de Hirayama, que los pequeños momentos que le trastocan su rutina y por los cuales podría llegar a cambiar, como la relación con su compañero de trabajo y su interés amoroso, la llegada de su sobrina e incluso la aparición de su hermana, no lo hacen explotar ni reaccionar de forma inapropiada o desproporcionada; por el contrario, toma dichos momentos con total tranquilidad e imperturbabilidad.

‘Perfect Days’, seleccionada por Japón como candidata a la categoría de mejor película internacional en los Oscars, muestra cómo el protagonista se toma su tiempo para regar sus plantas, limpiar los baños, disfrutar de la música, de los libros, de comerse un sándwich, de beberse una cerveza y de la naturaleza misma. Es una exploración sobre la rutina y la felicidad la cual no proviene de la riqueza o el poder—como lo aparenta su hermana—, sino de las cosas que rodean a los seres humanos diariamente así como de la interacción y las relaciones que se establecen.

Con unas imágenes hermosas y evocadoras que van desde los amaneceres y atardeceres de Tokio hasta las sencillas rutinas de Hirayama, el director alemán, el cineasta de los amigos, plantea que aún es posible  encontrar la alegría en las situaciones y elementos más mundanos, más cotidianos; que, a pesar de las dificultades de la vida, es posible lograr una sensación de paz y satisfacción con lo simple, con lo intrascendente.

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